Erika aún no terminaba de secarse las lágrimas cuando la figura alta de Valerio ya estaba junto a la cama.
—¿Cómo se siente hoy, abuelo?
—Muy bien. ¡Ah, pero mírate nada más! ¿Por qué no llegaste junto con mi nieta? ¡Tuviste que esperar hasta ahorita para asomar las narices!
Erika escuchaba la plática entre los dos, pero de repente sintió el calor de las grandes manos de Valerio rodeando sus hombros:
—Mi amor, ¿por qué lloras? ¿Te sientes mal?
El gesto tan inesperado de Valerio y ese tono ridículamente tierno la hicieron sentir súper incómoda. Pero, teniendo al abuelo enfrente, no le quedó más remedio que seguirle el juego:
—Para nada, solo lloraba de felicidad por platicar con el abuelo. ¿No decías que ibas a tardar por una junta? ¿Qué haces aquí tan temprano?
—No quería que te cansaras tanto cuidándolo tú sola, así que salí de la junta lo más rápido que pude y me vine para acá.
Mientras hablaba, Valerio deslizó su mano hasta la de ella y la sujetó con fuerza:
—Tienes las manos heladas. Aquí en el hospital siempre tienen el aire a todo lo que da, debiste haberte traído un suéter.
Su voz se escuchaba muy suave, y un ligero aliento con un aroma limpio acarició su nariz.
Por un microsegundo, Erika casi cae en la ilusión de que realmente la amaba. Pero reaccionó rápido, obligándose a poner los pies en la tierra.
Sin poder escapar de la mirada del abuelo, Erika esbozó una sonrisa dulce y le contestó en un tono suave:
—Tú sabes que siempre he sido friolenta, no te apures.
Al bajar la vista, notó que él tenía el dorso de la mano vendado. Volteó a ver a Ireneo y justo se dio cuenta de que él también se había fijado en la herida.
Erika ni siquiera tuvo tiempo de fingir preocupación, porque Ireneo se adelantó a preguntar:
—¿Qué te pasó en la mano?
Para su sorpresa, Valerio no le respondió de inmediato, sino que se quedó mirándola. Sus ojos parecían decirle: «A ver, dile a mi abuelo qué le pasó a mi mano».
Erika no tuvo de otra más que tomarle la mano con aparente cariño, disimulando su preocupación:
—En la mañana que te fuiste, estabas bien. ¿A qué hora te lastimaste? ¿Te duele mucho?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón