—¿Ahora hasta estos pequeños detalles los tengo que decidir yo? —preguntó Valerio con frialdad.
Diego no supo qué responder por un momento, ya que DC Entretenimiento aún no tenía gerente general.
En la última junta directiva, las opiniones sobre quién debía encargarse de los contratos estaban divididas.
Además de Julen, otros empleados también habían entregado bastantes propuestas de colaboración.
Tras unos instantes de silencio, Diego habló con cautela:
—Señor Ramírez... El directivo a cargo de DC todavía no se ha definido, así que... el vicepresidente sugirió que los empleados compitan por el ascenso. Es decir, quien cierre el primer contrato con el mayor margen de ganancias, tendrá ventaja en la evaluación.
Al ver que Valerio encendía un cigarrillo sin inmutarse, Diego añadió:
—Debería echarle un vistazo, checar a este grupo, la verdad está muy interesante.
Al escuchar eso, Valerio, con el cigarro en los labios, entrecerró los ojos y le dirigió una mirada penetrante.
Esa mirada asustó a Diego, quien casi podía escuchar a su jefe preguntando si Julen le había dado alguna mordida.
—Señor Ramírez... este grupo ya lleva tiempo siendo muy famoso, hasta yo veo sus videos en mi casa antes de dormir, tienen muchísima popularidad. Se lo juro que no es porque Julen los haya recomendado. En la empresa a muchos también les gustan, yo solo creo que al final hay que ver cuál propuesta nos conviene más...
Justo cuando Diego terminaba de hablar, Valerio ya había levantado el celular. Al ver esto, su asistente soltó un largo suspiro de alivio.
Valerio lo miró de reojo y dijo con tono indiferente:
—Diles que me traigan un café.
—Le preparé algo para cenar —sugirió Diego—, ¿no prefiere comer algo primero?
—Café.
Diego se quedó sin palabras.
Una vez que Diego salió de la oficina, Valerio desbloqueó lentamente la pantalla. Lo primero que vio en el celular fue una cuenta de redes sociales llamada "Club Caramelo".
En la descripción del perfil solo había una frase: "Documentando el día a día de tres angelitos".
Deslizó el dedo por la pantalla y abrió un video al azar.
Aparecieron dos niños y una niña; todos parecían tener unos tres o cuatro años.
Al mirar esos videos, a Valerio le vino de golpe a la mente la imagen de Erika, y de aquel vientre que ella cuidaba más que a su propia vida.
Si a ella no le hubiera pasado nada, sus hijos también tendrían esa edad...
Ella amaba tanto a los bebés. Por ellos había llorado a gritos, perdiendo todo su orgullo para suplicarle...
Con esto, Valerio estaba más convencido que nunca de que Erika jamás cometería la estupidez de tirarse al mar.
Si no podían encontrarla por ningún lado, la única explicación era que se estaba escondiendo de él a propósito, ocultando su verdadera identidad.
Justo cuando esos pensamientos confusos empezaban a formarle un nudo en la garganta, su celular comenzó a sonar de repente.
Por el tono especial de la llamada, supo que era su abuelo.
Contestó, trató de calmar sus emociones y saludó con tono suave:
—Abuelo...
—¡Muchacho del demonio, ¿no se te ocurre llamarme?! ¡¿Cuántos días hace que no vienes a visitarme?! —le reclamó Ireneo Ramírez nada más al contestar.

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