Por la noche. Residencial de lujo Villa Costa Azul.
Erika metió su coche al estacionamiento subterráneo. Al apagar el motor, volvió a ponerse su gorra, el cubrebocas y los lentes oscuros.
Leonardo, mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad, le dijo:
—Oye, Eri, siempre andas tapada hasta las narices. Entiendo que quieras cuidar tu privacidad y evitar que la gente te reconozca por los niños para poder andar tranquilos, eso lo entiendo. Pero me acuerdo perfecto que el día que te conocí, también traías cubrebocas y solo se te veían esos ojazos expresivos que tienes.
A Leonardo siempre le había parecido muy raro ese comportamiento.
Quería sacarle la sopa de una vez por todas, pero de pronto recordó que la última vez que le preguntó, ella se mostró bastante incómoda, así que mejor se tragó las palabras.
En los últimos años, cada vez que iban a grabar en exteriores o simplemente salían a la calle, Erika siempre se vestía de manera extraña.
Se arreglaba de la forma más fea y menos favorecedora posible para no parecer ella misma, y jamás salía sin su gorra, sus lentes oscuros y el cubrebocas.
Era tan exagerado que, a pesar de lo grande que era el estudio, casi nadie conocía su verdadero rostro.
Siempre andaba por su cuenta, no iba a las posadas, ni a las reuniones del estudio... De hecho, aislarse de todas las dinámicas grupales fue una de sus condiciones al ser contratada.
Solo se quitaba toda esa armadura hasta que entraba a su oficina privada.
Y en ese espacio los únicos con derecho a entrar y salir libremente eran él y una asistente llamada Amelia.
Cualquier otra persona necesitaba permiso para pasar, y en esos casos, Erika siempre se ponía los lentes oscuros antes de dejarlos entrar.
Total, todos en el estudio ya estaban acostumbrados a sus excentricidades.
Leonardo recordaba una vez, durante un descanso en plena filmación, en la que Erika se quitó el cubrebocas para limpiarse el sudor. La mayoría del staff se había ido a comer, pero un sujeto que iba pasando le tomó una foto a escondidas.
Al oír el sonido de la cámara, Erika se espantó, se subió el cubrebocas rapidísimo, se acercó al tipo hecha una fiera y le exigió que borrara la imagen.

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