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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 301

Leonardo continuó:

—Eri, puedo regresar a hacerme cargo de la empresa de mi familia. Con este estudio y lo que tenemos ahora, nos alcanza para pagar la indemnización.

A Erika se le llenaron los ojos de lágrimas, y con los labios temblorosos, murmuró:

—De ahora en adelante, eres mi familia.

Leonardo, con las manos en los bolsillos del pantalón, bromeó:

—¿Qué pasó? ¿Tengo que hacerte un favorzote para que me digas eso?

Ella soltó una carcajada, se limpió las lágrimas de los ojos y dijo con la voz entrecortada:

—La verdad, ya me cansé de esconderme todos estos años. Cada vez que llevo a los niños al parque, a los juegos o a cualquier lado, salgo en las fotos toda tapada. Ni siquiera me atrevo a llevarlos yo misma a comer a un restaurante. Todo mi rastro de información usa tus datos, o Adrián y Martina me ayudan a ver cómo le hacemos. A todos los que me rodean les he causado puros problemas...

Al decir esto, la emoción la desbordó un poco más. Reprimió las ganas de llorar, respiró hondo y continuó:

—Después, cuando junté un poco de dinero, pensé en llevármelos del país... pero imaginar lo que se siente irse así, es como si estuviéramos huyendo. Si hiciera eso, seguro me sentiría mal toda la vida. Así que, ya tomé una decisión...

Erika miró a Leonardo con una sonrisa amarga en los labios:

—Decidí que ya no me voy a esconder.

Leonardo sintió un nudo en el estómago. Miró a Erika a los ojos y le preguntó con mucho cuidado:

—Eri, dime la verdad, ¿él te llegó a maltratar? No sé, golpearte o...

Erika negó con la cabeza:

—Yo creo que solo sentía que lo traicioné y no pudo soportar el coraje.

Leonardo frunció el ceño:

Tras escuchar toda la historia, Leonardo caminó lentamente hacia el sofá. Se quedó sentado en silencio durante un buen rato antes de volver a hablar:

—Eri, no tienes que tomar una decisión tan rápido. Yo tengo los medios para ayudarte.

Erika se volvió para mirarlo y dijo con tono firme:

—Leonardo, no es un impulso, ni lo hago por ninguna otra cosa. Ya me cansé de esconderme. Quiero empezar una vida real y nueva.

La expresión de preocupación de Leonardo se transformó poco a poco en alivio. Asintió lentamente con la cabeza:

—Está bien, al igual que tus dos amigos, apoyo incondicionalmente lo que decidas. Por cierto, ¿quieres que ponga a un par de guardaespaldas a cuidarte de ahora en adelante?

Erika le dedicó a Leonardo una leve sonrisa y luego volvió a mirar el ajetreo de la ciudad a través de la ventana.

—No hace falta... —comentó en voz baja, casi como si hablara consigo misma—: Ya pasaron más de cuatro años... Alguien a quien nunca le importaste, probablemente ya te olvidó por completo. Fui yo la que se hizo ideas en la cabeza, por eso me esforcé tanto en esconderme de él todos estos años.

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