A Diego le recorrió un escalofrío por la espalda. Bajó rápido del coche, recogió las cosas del suelo y las guardó.
—Señor Ramírez, hace mucho calor aquí afuera, suba al coche, por favor.
Valerio no despegaba la vista de la calle por la que se había ido Erika y murmuró:
—¿No habías dicho que ella necesitaba dinero? ¿Por qué no lo aceptó?
Diego se secó el sudor de la frente, sintiéndose acorralado. Tras dudar unos segundos, respondió:
—Señor Ramírez, es muy probable que la señorita Milán siga enojada. Cuando se le pase un poco el coraje, se lo vuelvo a llevar.
Al ver que Valerio no respondía, Diego, arrastrado por la curiosidad, no pudo morderse la lengua:
—Señor Ramírez, si le da tanto dinero... ¿no tiene miedo de que lo use con ese otro sujeto?
En cuanto lo dijo, Diego sintió que acababa de firmar su sentencia de muerte, pero se quedó clavado al piso sin poder moverse.
—¿Tienes ganas de morir?
A Diego no le salieron las palabras.
La voz de Valerio fue tan cortante que a Diego le dio frío a pesar de estar a pleno sol. Se apresuró a abrirle la puerta del coche con una postura sumisa.
Estaba completamente confundido. Antes pensaba que Valerio era un desalmado y sentía lástima por Erika. Pero hacía poco, cuando él y Valerio la encontraron paseando con otro hombre, todo cobró sentido: Valerio debía estar seguro de que Erika lo engañaba y por eso estaba tan empeñado en el divorcio.
¿Qué hombre aguantaría a una mujer que, además de exigirle dinero, le pone los cuernos? Por otro lado, el regreso de Lorena en este preciso momento era bastante sospechoso.
Mientras Diego le daba vueltas a la cabeza, se dio cuenta de que estaba siendo un chismoso. Negó con la cabeza, dejó salir un suspiro y se subió al asiento del conductor.
***
Al salir del Registro Civil, Erika se fue directo al departamento de Martina. Se sentó en la sala con el acta de divorcio en la mano y se quedó ahí hasta que anocheció.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón