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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 333

Leonardo no lograba entenderlo. De repente, recordó que Erika le había mencionado una segunda prueba, así que preguntó:

—¿Y la segunda vez? ¿Supiste qué salió en esa?

Erika frunció el ceño:

—Tampoco me lo explico. Me fui antes de que entregaran los resultados de la segunda prueba, así que... no tengo idea de qué salió.

—Pues él seguro sí sabe —concluyó Leonardo—. Hoy vi en las noticias que ayer fue a dar el pésame a la familia Lozano con todo un séquito. ¿Se toparon?

Erika se sintió un poco incómoda con la pregunta.

Sí se habían visto, pero no habían cruzado palabra.

Pensó que con esa actitud tan fría, Valerio ya la había superado.

O quizás la odiaba por haber huido y, al no poder encontrarla antes, se había rendido.

El caso era que, en el cementerio, de verdad creyó que todo había quedado en el pasado.

Pero lo de anoche... él...

Erika asintió con lentitud.

Le contó por encima que se habían topado en el cementerio, pero le dio demasiada pena mencionar lo que había pasado en el estacionamiento.

—¿Y tú qué crees? Conociéndolo y viendo cómo reaccionó... ¿qué crees que haya salido en esa segunda prueba?

Leonardo insistía, tratando de analizar la situación para dar con la clave del asunto.

Erika estaba igual de confundida con ese tema.

Si la segunda prueba hubiera salido positiva, anoche le habría exigido ver a sus hijos.

Pero no lo hizo. Y si volvió a salir negativa, y piensa que no son suyos, entonces...

Erika sintió que la situación la sobrepasaba de nuevo. Durante estos años, él la había ayudado muchísimo.

Y ahora, no quería ser una carga para nadie. Tenía que resolver sus problemas ella sola.

A fin de cuentas, si Valerio perdía la cabeza, no le importaría a quién se llevara de encuentro.

—Leonardo, te lo pido de favor... no te metas en nada que tenga que ver con Valerio. Yo me encargo. Si algún día me demanda, con que me ayudes a buscar un buen abogado me doy por bien servida.

Al escuchar esto, Leonardo caminó despacio hacia ella. La miró desde su altura, con gesto muy serio, y le dijo:

—Eri, si de verdad ya no sientes nada por él y tu único miedo es que te quite a los niños, es muy fácil: diles a todos que yo soy el papá. Así de simple.

Erika negó con la cabeza de inmediato, rechazando la idea:

—Leonardo, Chlóe ya casi regresa del extranjero. La otra vez en el aeropuerto, cuando me abrazaste para despistar a los fotógrafos, me dijiste que ella no se enojó, pero yo sigo sintiéndome mal por eso.

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