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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 332

Al día siguiente.

Erika se arregló y desayunó con los niños, como de costumbre.

Después, las niñeras y el chofer los llevaron al kínder.

Ella se dirigió a las oficinas de Tiempo Efímero.

Nada más entrar a su oficina, se dio cuenta de que la mesita de centro y su escritorio estaban repletos de sus flores favoritas.

Había tantas que casi ni se veía la madera del escritorio.

Todo el cuarto olía a un perfume dulce y fresco.

—Erika, te traje café —anunció Amelia con tono alegre tras tocar la puerta.

Entró a toda prisa y dejó la taza con cuidado sobre la mesa.

Erika señaló las flores, confundida:

—¿Y todo esto?

Amelia frunció el ceño y le contestó:

—No tengo idea, Erika. Cuando llegué en la mañana, ya estaba así. Nadie me supo decir quién las mandó.

Mientras Erika buscaba alguna tarjeta entre los ramos, le pidió:

—Checa en recepción, por favor.

Amelia asintió:

—Claro, Erika, ahorita voy.

Unos minutos después, Amelia regresó corriendo.

—Erika, en recepción me dijeron que en cuanto abrieron, llegaron los de la florería. Dijeron que el pedido era para la dueña del coche deportivo color champán. Y bueno... aquí la única que maneja ese coche eres tú.

¿Ricardo?

Erika frunció el ceño. Aparte de él, no podía ser nadie más.

Aún no había tenido tiempo de ir por el carro...

—¿Qué piensas hacer?

Le preguntó Leonardo directamente, sin darle tiempo a responder.

Erika se sentó despacio frente a él. Lo pensó unos segundos y respondió:

—Leonardo, si llegamos a un juicio... Yo los tuve, yo los he criado y los he cuidado todo este tiempo. Además, tengo cómo mantenerlos. Un juez no podría quitármelos, ¿verdad?

Leonardo hizo una pausa y luego trató de tranquilizarla:

—Ya te lo había dicho, Eri. No te agobies por eso. Él tendrá sus abogados, pero yo también tengo a los mejores. Haré todo lo que esté en mis manos...

Erika apretó los puños y empezó a frotarse las manos por los nervios.

Aunque Leonardo sonaba muy seguro de sí mismo, a ella la carcomía la angustia.

¡No soportaría que sus niños se fueran a vivir con él! ¡Sería el fin del mundo para ella!

Al ver su desesperación, Leonardo trató de animarla:

—Tranquila, no te estreses de más. Además, ¿no dijiste que la prueba de ADN salió negativa la otra vez? Seguro ni sabe que son suyos. Aunque... siempre me ha parecido rarísimo. Esos laboratorios son súper profesionales. Si él mismo los contrató, ¿cómo es que se equivocaron?

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