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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 342

Erika fue sacada de sus pensamientos por él. Volvió a la realidad, encendió el motor y respondió con el mismo tono distante:

—No me faltan amigos, y el señor Ríos tampoco parece el tipo de persona a la que le falten.

Al ver que estaba a punto de irse, Ricardo se apresuró a decir:

—Señorita Milán, si no tiene ninguna relación especial con Valerio y está soltera, me gustaría invitarla a salir. ¡Se lo digo en serio! ¡De todo corazón!

Después de decir esto, temiendo no haber sonado lo suficientemente convincente, añadió con urgencia:

—¡Le juro que no es porque se parezca a Aurora! Puede verlo como una especie de amor a primera vista.

Erika se quedó desconcertada al escuchar eso.

No le sorprendía que un hombre la estuviera cortejando, sino que Ricardo era amigo de Valerio.

Valerio era tan reservado que, hasta ese momento, no le había revelado su identidad a su amigo.

Y por el lado de Leonardo...

Si Valerio la había acorralado en el garaje de su propia casa, lo más seguro es que ya hubiera investigado hasta el último detalle de su vida.

Además, Valerio ya estaba investigando a Leonardo...

Su coche actual, su casa, e incluso las identidades de los niños en el kínder, todo estaba a nombre de Leonardo.

En estos años, la ayuda que él le había dado no se quedaba atrás de la de Martina y los demás.

Si él la trataba como a una hermana menor, ella lo consideraba un hermano mayor con más razón.

Si Valerio dirigía sus ataques y su odio hacia Leonardo, ella se convertiría en la culpable de haberle arruinado la vida a su amigo.

Y ahora este Ricardo...

Al pensar repentinamente en todo esto, Erika se sorprendió de sus propias deducciones.

Sujetaba el volante, dudando una y otra vez.

—¿Señorita Milán? ¿Señorita Milán? —La voz de Ricardo seguía sonando en sus oídos.

Erika hizo una pausa y le devolvió la pregunta:

—¿Valerio no le dijo qué relación tenemos?

Apenas Ricardo iba a empezar con el tema cuando Erika cambió de rumbo la conversación, lo que lo hizo pensar que tenía un carácter un tanto extraño.

Pero al mirarla, ya no le parecía tanto.

Era como un hermoso cuadro viviente; ese aire distante la hacía indescriptiblemente fascinante.

Ricardo se acomodó, sentándose muy derechito, y le respondió a Erika con total seriedad:

—La primera vez que la vi, usted trabajaba en casa de Valerio, ¿verdad? Hace unos días me la encontré y la llevé con la familia Lozano. Después le conté a Valerio que la vi, pero parecía no interesarle mucho, escuchó un par de cosas y me colgó. Siento que ustedes no tienen una simple relación de jefe y empleada...

Erika logró captar información valiosa de lo que él decía.

¿Así que Valerio se había enterado a través de Ricardo, y fue por eso que se apareció en el cementerio el día del entierro de la señora?

—Nuestra relación es meramente laboral, pero tuvimos un disgusto, por eso me fui de la familia Ramírez.

Erika lo dijo restándole importancia. Luego volteó hacia Ricardo y le preguntó:

—Recuerdo que la primera vez que me vio, ¿me confundió con una mujer llamada Aurora?

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