—Sí —respondió Ricardo—. Antes de eso, no dejaba de buscarla, pero desde que la conocí a usted...
—Vaya que ustedes los juniors cambian de opinión muy rápido —lo interrumpió Erika sin ningún reparo.
—Los que cambian rápido son los cabrones inestables, yo no. Tampoco quise decir eso, ¿me deja terminar de hablar?
—No —rechazó Erika con voz fría, y luego preguntó de manera enigmática—: ¿Quiere saber el secreto de Aurora?
Ricardo se sintió golpeado por la respuesta anterior de Erika, y luego la escuchó decir que había investigado a Aurora.
Aun así, Ricardo respondió un tanto desanimado:
—No soy de los que cambian de opinión fácilmente, y no me interesa saber su secreto.
—¿Ah, sí? Entonces puede bajarse del coche.
Ricardo volvió a quedarse pasmado.
Él, todo un señorito de la familia Ríos, no solo estaba actuando como un perrito faldero por primera vez en su vida, sino que además se dejaba mangonear por una mujer de esa manera.
Pero... si se bajaba del auto así como así, lo más probable es que fuera muy difícil volver a verla.
Le había mandado infinidad de mensajes por WhatsApp y ella ni siquiera se dignó a responder. Hoy, que ya se llevaba el coche, seguro que no tardaba en bloquearlo.
Ricardo se acomodó de lado para quedar frente a Erika y cedió:
—Está bien, es usted la mujer más fría que he conocido. Entonces... ¿qué secreto sabe de Aurora?
Erika esbozó una media sonrisa y dijo con indiferencia:
—Señor Ríos, no dije que usted no pudiera olvidarla. Antes, buscaba a Aurora con desesperación, así que debe haber cosas sin resolver entre ustedes. Si no la encuentra para aclarar las cosas, ¿no se le va a quedar esa espinita clavada?
Dicho esto, Erika también se giró hacia él y continuó:
—Hagamos esto... Lo llevo a conocer a la verdadera Aurora, y usted me hace un favor.
Tras mucho pensarlo, Erika había decidido usar a Ricardo como chivo expiatorio para sacar a Leonardo del radar y evitar que ese loco de Valerio se ensañara con él.

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