Entrar Via

La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 344

—¡Hágase más para atrás! ¡Me está tapando el espejo retrovisor! —le ordenó Erika, lanzándole una mirada de fastidio.

Ricardo no supo qué responder ante el regaño.

Aún inmerso en sus fantasías, sintió cómo la cara se le caía de vergüenza.

Pero, vergüenza o no, estiró el brazo para cerrar el espejo de vanidad, hizo su cuerpo hacia atrás y se recargó obedientemente en el asiento.

Nunca se imaginó que llegaría el día en que una mujer le diera órdenes...

El coche avanzó por una media hora hasta llegar a su destino: Clínica Renova.

Erika estacionó el coche con suavidad y miró a través de la ventana.

Se levantaba como un edificio independiente en el corazón de una zona exclusiva. Una estructura tipo torre de un blanco resplandeciente, que se apilaba capa por capa, estrechándose hacia la cima, con un estilo sumamente moderno.

Con razón era la clínica de cirugía plástica más importante de la ciudad, desbordaba una imponencia fuera de lo común.

Erika apartó la vista, calculó las cosas un momento en su cabeza y habló despacio:

—Si podemos descubrir el secreto de Aurora aquí, dependerá de usted, señor Ríos. ¿Tiene algún conocido de confianza en este lugar?

La razón por la que Erika no le había pedido a Peter que investigara era porque primero quería venir a echar un vistazo por su cuenta.

Ella no tenía ninguna posición social ni contactos.

Además, las clínicas de cirugía plástica son extremadamente estrictas con la confidencialidad; si entraba así de la nada a hacer preguntas, seguramente no le dirían nada.

Ricardo, por su parte, siguió la mirada de Erika hacia la Clínica Renova y asintió de inmediato:

—No conozco a nadie de aquí, pero recuerdo que un subordinado de mi papá tiene un pariente trabajando en este lugar. Deme chance de hacer unas llamadas.

—Se lo encargo —respondió Erika, y apagó el motor para bajarse.

Al poco rato, Ricardo también se bajó. Se acercó a Erika, que estaba recargada en el coche, y le dijo con una sonrisa:

—Vámonos, ya hablé con un director de aquí.

Erika arqueó una ceja y le levantó el pulgar en señal de aprobación.

—Si me regala una sonrisa, me gustaría más que ese gesto de aprobación —dijo Ricardo.

Erika lo miró de reojo y caminó directo hacia el edificio.

Dentro de la enorme y lujosa oficina, un hombre llamado doctor Valdés los invitó a sentarse con suma cortesía.

Ricardo echó un vistazo a Erika, que aún no había dicho nada, y se dirigió directamente al doctor Valdés:

—¿Mi padre lo llamó por teléfono?

Quería sondear si este sujeto sabía quién era él para así planear por dónde empezar a preguntar.

El doctor Valdés le contestó de inmediato:

—Mi hermano me avisó. Bueno, el empleado de su papá, quiero decir. Es un honor recibir a un joven tan ilustre; disculpe que no haya salido a recibirlo.

Mientras decía esto, se acercó a estrecharle la mano a Ricardo, quien le devolvió el saludo con una sonrisa en los ojos.

Excelente; no solo le hablaba de usted, sino que hasta se adornaba con palabras muy formales.

Con eso, Ricardo ya sabía a qué atenerse.

Volteó hacia Erika y le hizo una seña con los ojos, dándole a entender que era de confianza y que preguntara lo que quisiera.

Erika captó el mensaje, adoptó una postura intencionalmente educada y saludó de mano al doctor Valdés.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón