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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 346

El doctor Valdés no tenía idea de las intenciones de Erika; creyó que era solo una plática para entrar en confianza, así que le dijo con tono orgulloso:

—No es por presumir, pero si hemos logrado mantenernos como los número uno en la industria, es por esa técnica de cirugía estética a la que todos llaman «rediseño total de imagen»...

Erika lo miró con tranquilidad y luego esbozó una leve sonrisa.

—Ya me di cuenta, doctor Valdés. Si nos disculpa un momento, ¿podría pedirle a una enfermera que nos acompañe al consultorio del doctor Elián Torre? Hace tanto tiempo que no vengo que ya hasta se me olvidó dónde es.

—¡Claro, claro! Cuando terminen su consulta, no olviden pasar a mi oficina. Les prepararé un buen café —respondió el doctor Valdés, manteniendo su sonrisa de oreja a oreja.

Ricardo salió junto a Erika. Tras preguntarle a la enfermera dónde estaba el consultorio de Elián Torre, Erika la despachó.

Una vez que la enfermera se fue, Ricardo, que llevaba rato aguantándose las ganas de hablar, por fin soltó:

—Si eres tan inteligente, ¿cómo es que terminaste trabajando de sirvienta en la mansión Ramírez?

Erika lo miró y, cambiando de tema, le respondió:

—Me hiciste un gran favor en esta ocasión. Te lo compensaré otro día.

Después de decir eso, Erika miró a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca y agregó:

—Si en el futuro llego a tener problemas con ese doctor Valdés, ¿te afectará de alguna manera?

—Para nada. Puedes meterte en problemas con quien quieras, yo te cubro la espalda.

Ricardo se cruzó de brazos y respondió con total seguridad, mirándola con un brillo particular en los ojos.

—Entonces, te lo agradezco de antemano.

Erika no le dio importancia a su mirada, pues su mente seguía dándole vueltas a todo el asunto.

Cuando llegaron al consultorio de Elián, dio la casualidad de que el médico estaba desocupado.

Al ver que había logrado meterse en el papel, Erika no quiso perder ni un segundo más.

Grabó la conversación en secreto con el mismo método que había usado antes.

Logró guiar la plática con tanta astucia que el propio Elián terminó describiendo paso a paso cómo le había hecho la cirugía estética a Aurora.

Llegados a este punto, Erika le preguntó con mucha amabilidad:

—Doctor Torre, todo el mundo halaga su técnica, dicen que es como si de verdad cambiara rostros. El motivo de mi visita hoy es, primero, pedirle al doctor Valdés que me ayude con un recibo, y segundo... quería preguntarle algo.

Al llegar a esta parte, Erika bajó la voz a propósito y continuó:

—Doctor Torre, quería saber si tiene por ahí alguna «plantilla de referencia» que sea verdaderamente excepcional. Tengo una amiga muy cercana que de chiquita era igual de fea que yo, y ahora se muere de envidia al verme. Ya me ha pedido varias veces que la ponga en contacto con usted. Por eso, apenas regresé al país y me instalé, vine corriendo a visitarlo.

Mientras hablaba, Erika juntó las yemas de sus dedos pulgar, índice y medio con naturalidad y le dijo con una ligera sonrisa:

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