El doctor Valdés no tenía idea de las intenciones de Erika; creyó que era solo una plática para entrar en confianza, así que le dijo con tono orgulloso:
—No es por presumir, pero si hemos logrado mantenernos como los número uno en la industria, es por esa técnica de cirugía estética a la que todos llaman «rediseño total de imagen»...
Erika lo miró con tranquilidad y luego esbozó una leve sonrisa.
—Ya me di cuenta, doctor Valdés. Si nos disculpa un momento, ¿podría pedirle a una enfermera que nos acompañe al consultorio del doctor Elián Torre? Hace tanto tiempo que no vengo que ya hasta se me olvidó dónde es.
—¡Claro, claro! Cuando terminen su consulta, no olviden pasar a mi oficina. Les prepararé un buen café —respondió el doctor Valdés, manteniendo su sonrisa de oreja a oreja.
Ricardo salió junto a Erika. Tras preguntarle a la enfermera dónde estaba el consultorio de Elián Torre, Erika la despachó.
Una vez que la enfermera se fue, Ricardo, que llevaba rato aguantándose las ganas de hablar, por fin soltó:
—Si eres tan inteligente, ¿cómo es que terminaste trabajando de sirvienta en la mansión Ramírez?
Erika lo miró y, cambiando de tema, le respondió:
—Me hiciste un gran favor en esta ocasión. Te lo compensaré otro día.
Después de decir eso, Erika miró a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca y agregó:
—Si en el futuro llego a tener problemas con ese doctor Valdés, ¿te afectará de alguna manera?
—Para nada. Puedes meterte en problemas con quien quieras, yo te cubro la espalda.
Ricardo se cruzó de brazos y respondió con total seguridad, mirándola con un brillo particular en los ojos.
—Entonces, te lo agradezco de antemano.
Erika no le dio importancia a su mirada, pues su mente seguía dándole vueltas a todo el asunto.
Cuando llegaron al consultorio de Elián, dio la casualidad de que el médico estaba desocupado.

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