—Mire, en cuanto al costo de la cirugía, usted póngale el precio que quiera. Mi amiga está forrada de dinero.
Erika lo describió todo con tanta viveza que parecía la persona más persuasiva del mundo.
Su tono de voz daba a entender que hablaba muy en serio y que estaba sumamente interesada.
Pero su verdadero objetivo era ganarse la confianza de Elián.
Y, justo como esperaba, Elián puso la misma cara de satisfacción que el doctor Valdés había mostrado un rato antes.
Una cirugía facial completa no era nada barata. Escuchar un «póngale el precio que quiera» era música para los oídos de Elián, como si le hubiera caído del cielo un billete de lotería ganador.
Intentó disimular la sonrisa de oreja a oreja que amenazaba con escapársele y le respondió con extrema cortesía:
—Ya que la señorita Cruz lo menciona, por supuesto que contamos con modelos de la más alta calidad.
Erika le devolvió la sonrisa y le contestó con el mismo tono amable:
—Se lo voy a agradecer muchísimo, doctor Torre. Hoy echaré un vistazo yo primero; conozco perfectamente los gustos de mi amiga. Si a mí me convence, es un hecho que a ella también. Mañana mismo podría traerla para que platiquen bien de los detalles y el tiempo que tomaría la cirugía, ¿le parece?
—Claro... me parece perfecto, señorita Cruz. Pase por aquí.
Elián dio unos pasos hacia Erika, extendiendo el brazo derecho con una gran sonrisa en el rostro.
A juzgar por la dirección que señalaba, ¿había un cuarto secreto en su oficina?
Erika no se apresuró a moverse. En cambio, fingió decepción y comentó:
—Oiga, doctor Torre, si lo que me va a enseñar son fotos de alguna actriz de moda, a mi amiga no le va a interesar en lo absoluto. Yo misma le dije en su momento que no quería parecerme a ninguna celebridad, ¿se acuerda?
—¡Para nada! Lo que tenemos es una colección de mujeres hermosas de todo tipo. Le aseguro que habrá alguna que le encante a su amiga —le prometió Elián mientras caminaban.
Ricardo, que se había mantenido en silencio todo el tiempo, se apresuró a seguirlos.


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