Elián seguía dándole mil vueltas a los detalles de la cirugía, pero Erika ya no tenía ganas de escucharlo.
Ella solo asentía repetidamente con la cabeza:
—Sí, sí, claro. Ya le conté más o menos cómo fue mi experiencia y está de acuerdo con todo.
Dicho esto, Erika empezó a caminar hacia la salida mientras le decía con cortesía:
—Doctor Torre, le quité mucho tiempo hoy. Lo dejo para que siga trabajando; más tarde le marco para agendar la cita y luego le traigo a mi amiga.
Elián la siguió a paso rápido hasta la puerta:
—Perfecto, perfecto, señorita Cruz. Oiga, si no tienen planes, ¿qué les parece si los invito a cenar al rato?
—No, muchas gracias, todavía tengo unos pendientes muy urgentes que resolver. Yo lo invito después.
***
Ya de regreso en el coche.
Ricardo iba en el asiento del copiloto. Apoyó el codo en la ventanilla y miró a Erika con una sonrisa juguetona:
—La verdad, es muy raro encontrar a una mujer que tenga tu nivel de belleza e inteligencia combinados.
Erika encendió el motor y le respondió con total frialdad:
—Hay muchísimas. Seguramente es que en tu círculo social las mujeres no son muy listas.
Ricardo se quedó sin palabras.
*«Qué barbaridad, esta mujer solo es amable cuando necesita algo»*, pensó indignado.
*«Ojalá no resulte ser de esas bellezas tóxicas y manipuladoras»*.
Ricardo refunfuñaba para sus adentros, pero no podía apartar la vista del rostro de Erika. Lo que ella había hecho ese día lo había dejado genuinamente impresionado.

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