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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 350

Tras tomar una decisión, Erika le dijo con voz firme pero calmada:

—Está bien. Ponte el cinturón.

Apenas terminó de hablar, pisó a fondo el acelerador. El auto deportivo rugió con fuerza, dio un volantazo brusco y salió disparado hacia la avenida.

—¡Órale! Sí que manejas agresivo —exclamó Ricardo, soltando un grito de asombro.

Llevaban apenas una tarde juntos y la mujer no dejaba de darle sorpresas.

No solo tenía una cara preciosa y un cuerpo espectacular, sino que era sumamente decidida, mantenía la cabeza fría bajo presión y, además, era muy inteligente.

Ricardo enumeraba mentalmente las cualidades de Erika, mirándola con una evidente expresión de admiración.

Por su parte, Erika, que antes lo había estado mirando de reojo, ahora estaba hundida en sus propios pensamientos.

Lo que Amelia le había dicho por teléfono acaparaba toda su atención y la había dejado completamente angustiada.

Al final, sus problemas habían terminado arrastrando a las personas que la rodeaban.

Ya fuera Martina, Adrián o Leonardo; más allá de su amistad, todos ellos le habían brindado un apoyo incondicional y siempre habían cuidado de sus trillizos.

¡No iba a permitir que Valerio les hiciera daño!

La decisión que había tomado antes de entrar a la clínica de cirugía estética se volvió inquebrantable en su mente.

El auto voló por las calles y, en muy poco tiempo, llegaron al estudio «Tiempo Efímero».

Erika se bajó a toda prisa y corrió hacia el elevador, con Ricardo pisándole los talones.

No tenía tiempo para lidiar con él en ese momento; necesitaba leer el documento, entender los motivos exactos de la demanda y pensar bien cuál sería su próximo movimiento.

Cuando entró a la oficina, Amelia la esperaba comiéndose las uñas por la ansiedad.

Al ver al hombre que venía detrás de su jefa, le lanzó una mirada inquisitiva a Erika, preguntando en silencio quién diablos era él.

Erika frunció el ceño, se dio la media vuelta y le indicó a Ricardo:

—Al salir, a la derecha, está la sala de descanso. Ve a prepararte un café, por favor. Tengo unos asuntos de trabajo muy delicados que atender.

Cuando Erika vio unas letras remarcadas en negritas más abajo, la mano con la que sostenía el papel empezó a temblarle sin control.

¡Valerio!

¿Qué clase de corazón tenía para llegar a ser tan ruin y despiadado?

¿Qué mañas o contactos había usado para que una demanda de este tipo procediera y los acorralara de esa manera?

¡Esa jugada sucia los dejaba a ella y a Leonardo completamente contra la pared!

Una oleada de rabia, odio e impotencia se apoderó de Erika de un solo golpe.

Al ver la reacción de Erika, Amelia tragó grueso con mucha dificultad.

A ella también le parecía que ese tal Valerio era un monstruo por agarrarse de un supuesto «fraude» y sacarlo por completo de proporción.

Pero lo más aterrador del asunto era que, en el documento, el demandante especificaba claramente que no exigía ningún tipo de compensación económica.

El mensaje no podía ser más claro: si el caso se iba a juicio y perdían, lo más probable era que Leonardo terminara en la cárcel.

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