Diego pensó en esto, sacó apresuradamente la cartera de su bolsillo, contó algo de dinero, se lo acercó a Isabel y dijo con tono sincero:
—Señorita Isabel, salí con prisa y no traigo mucho efectivo encima. Por lo que acaba de contarme, veo que está pasando por una situación difícil. Antes, Erika se portaba muy bien conmigo, así que tómelo como una forma de devolverle el favor. Acéptelo, por favor.
Isabel se quedó mirando el fajo de billetes en la mano de Diego, tragó saliva y dijo un poco apenada:
—Este... no creo que sea buena idea, Diego...
Aunque Isabel decía eso, su mano ya se había estirado lentamente.
Al ver esto, Diego le puso el dinero en la mano sin dudar:
—Tómelo, no es nada.
Ese brillo en los ojos de Isabel al ver el dinero sin duda rivalizaba con el de Penélope.
Sin embargo, al ver lo fácil que era comprarla con dinero, Diego supuso que lo que seguía sería mucho más sencillo...
Al ver que Isabel aceptaba el dinero, Diego recordó la frase que había escuchado afuera de la habitación: «Ahora que ella ya no está, ni siquiera a mí, que soy tu verdadera hija, me dejas en paz». Fingió un suspiro y comentó:
—El señor Ramírez adoraba a Erika. Todos estos años, cada vez que él se acuerda de ella... Por cierto, señorita Isabel, me dio la impresión de que a su mamá como que no le agradaba mucho Erika, ¿verdad?
Diego cambió el tema de golpe a propósito y, al terminar, observó detenidamente la expresión de Isabel.
Aunque ella seguía mostrándose triste, Diego logró captar un rastro de asombro en los segundos que se quedó pasmada.
Aprovechando la oportunidad, Diego añadió:
—A veces hasta dudo... Siento que solo usted y su hermano son parte de la familia Milán, y que Erika no...
Isabel se quedó callada. Miraba el dinero que Diego le había dado, y por dentro le entró el nervio.
Ahora estaba sopesando qué le convenía más: si decir la verdad para sacar mayor provecho, o si era mejor no decir nada.
—Sabe, tengo una prima que tampoco es hija biológica de mi tía. Antes, cuando veía a Erika, me daba la misma impresión, sentía que no pertenecía a su familia... No sé si me equivoco.
La razón por la que Diego se atrevió a desviar la conversación tan rápido hacia ese tema...
Fue porque sentía que Isabel, al igual que su hermano, no pensaba como una persona normal.
Tiempo atrás, Isabel se había quedado a vivir brevemente en la casa de Valerio. Luego, debido a la repentina desaparición de Erika...
Valerio corrió a Isabel de la casa y fue él mismo quien la llevó de regreso con la familia Milán.
En todo el camino, Isabel no paró de parlotear, pero no salió de su boca ni una sola pregunta sobre a dónde había ido Erika.
Solo se la pasó quejándose de que ya no podría juntarse con gente rica, ni ir de compras a plazas exclusivas, y cosas por el estilo.
A eso se sumaba aquella vez que toda su familia fue a cenar a la casa de Valerio. Por algunas conversaciones en la mesa...

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