—Chlóe, ¿me buscabas para algo en especial? Dime con toda confianza. Lo que necesites, me avisas y yo lo arreglo.
Chlóe levantó una ceja y preguntó con calma:
—¿De verdad? Pero si tu jefe es Leonardo.
Erika sonrió de forma amigable y le contestó con total sinceridad:
—Él es mi jefe, pero yo también sigo tus órdenes.
Esa respuesta pareció agradarle a Chlóe. Asintió levemente y dijo:
—Entonces seré directa contigo.
—Claro.
Erika asintió, manteniendo la misma expresión despreocupada típica de cuando platicaba con sus amigos.
Pero, en el fondo, se sentía algo mal.
Nunca antes había sentido tanta frialdad por parte de Chlóe...
Mientras Erika trataba de entender qué pasaba, la voz de Chlóe resonó en sus oídos:
—Erika.
Ese llamado la tomó totalmente desprevenida.
Nunca pensó que Chlóe la llamaría por su nombre de forma tan solemne...
—¿Qué... qué pasó, Chlóe? —preguntó Erika, titubeando.
—Erika, tú y yo no nos conocemos de ayer. Sabes que no soy de darle vueltas al asunto. Quiero... quiero que te vayas de «Tiempo Efímero». ¿Podrías hacerlo?
La voz de Chlóe era suave, pero extremadamente seria, dando a entender que era una decisión innegociable.
Siendo la novia de Leonardo y la futura mujer con la que planeaba casarse, al pedirle algo así, Erika no tenía manera de llevarle la contraria.
—Bien. Siempre has sabido cuál es tu lugar. De todos modos, no pierdo nada con decírtelo.
Tras contestarle en un tono aleccionador, Chlóe se levantó lentamente de la silla y empezó a caminar por el reservado haciendo sonar sus tacones.
—El cariño que Leonardo te tiene ha sobrepasado incluso al que le tiene a su propia familia. Y como mujer te lo digo abiertamente: aunque sé perfecto que entre ustedes no hay ninguna relación indebida, y sé que el destino los juntó como si fueran hermanos. Pero, aunque de verdad fueras su hermana de sangre, no me gustaría verlos pegados el uno al otro todo el santo día. ¡Mucho menos sabiendo que no tienen ningún lazo de sangre! ¿Entiendes lo que quiero decir?
Esa hostilidad tan repentina dejó a Erika en una postura bastante humillante.
Ella siempre había creído que Chlóe, al igual que Leonardo, la veía como una hermana menor.
Por lo visto, todo había sido una suposición ingenua.
Alguna vez le había llegado a preocupar que a Chlóe le llegaran a incomodar los pequeños detalles de convivencia, pero en el día a día, jamás sintió ningún tipo de celos por parte de ella.
A eso se le sumaba que Leonardo se la pasaba diciendo que Chlóe la adoraba y la trataba como parte de la familia...
Sin embargo, de nada servía lo que uno creyera cuando la misma interesada venía a decirte las cosas en la cara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón