—Chlóe, ¿me buscabas para algo en especial? Dime con toda confianza. Lo que necesites, me avisas y yo lo arreglo.
Chlóe levantó una ceja y preguntó con calma:
—¿De verdad? Pero si tu jefe es Leonardo.
Erika sonrió de forma amigable y le contestó con total sinceridad:
—Él es mi jefe, pero yo también sigo tus órdenes.
Esa respuesta pareció agradarle a Chlóe. Asintió levemente y dijo:
—Entonces seré directa contigo.
—Claro.
Erika asintió, manteniendo la misma expresión despreocupada típica de cuando platicaba con sus amigos.
Pero, en el fondo, se sentía algo mal.
Nunca antes había sentido tanta frialdad por parte de Chlóe...
Mientras Erika trataba de entender qué pasaba, la voz de Chlóe resonó en sus oídos:
—Erika.
Ese llamado la tomó totalmente desprevenida.
Nunca pensó que Chlóe la llamaría por su nombre de forma tan solemne...
—¿Qué... qué pasó, Chlóe? —preguntó Erika, titubeando.
—Erika, tú y yo no nos conocemos de ayer. Sabes que no soy de darle vueltas al asunto. Quiero... quiero que te vayas de «Tiempo Efímero». ¿Podrías hacerlo?
La voz de Chlóe era suave, pero extremadamente seria, dando a entender que era una decisión innegociable.
Siendo la novia de Leonardo y la futura mujer con la que planeaba casarse, al pedirle algo así, Erika no tenía manera de llevarle la contraria.
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