—¿Qué pasa? ¿Te ofendí?
Erika, que seguía en shock, trató de recomponerse y respondió en voz baja:
—Para nada... Chlóe, me iré lo antes posible.
Chlóe se acercó caminando hasta ella:
—Perfecto. Y si Leonardo te llega a preguntar...
Erika la miró con un revoltijo de emociones; Chlóe seguía manteniendo esa pequeña sonrisa, pero le hablaba como si fuera una desconocida.
Erika soltó un ligero suspiro para sus adentros, y luego su expresión se suavizó:
—Chlóe, yo lo voy a platicar con Leo y te aseguro que no te voy a mencionar para nada...
Chlóe asintió satisfecha, acentuando su sonrisa. Luego añadió con sequedad:
—Eres una mujer muy lista. Bueno, hasta aquí la dejamos por hoy. Tengo cosas que hacer, así que me retiro.
Dicho esto, Chlóe caminó hacia la repisa de la esquina para tomar su bolsa y se dirigió a la salida.
—Chlóe, el perfume que te traje...
En cuanto Erika abrió la boca, Chlóe frenó en seco, se giró y le advirtió:
—Erika, te doy tres días. Si en tres días no te has ido, ya sabes cómo hago las cosas...
Justo al decir esto, se escuchó el ruido de la puerta abriéndose y cerrándose de golpe.
Erika se dejó caer despacio sobre la silla y miró fijamente la caja del perfume en la mesa. Su semblante se volvió aún más pesado.
No le daba tristeza tener que renunciar a «Tiempo Efímero».
Ella misma ya tenía planeado irse.
Solo que el cambio tan repentino en la actitud de Chlóe la había dejado muy afectada.
Erika no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Todo fue demasiado rápido.
Su salida de «Tiempo Efímero» no era el fin del mundo, pero a partir de ahí...
La postura que tomó Chlóe el día de hoy le dejaba claro que no podría seguir relacionándose con Leonardo.
Para Erika, el peso de esto se sentía tan doloroso como perder a dos seres queridos de un plumazo.
A final de cuentas, ella ya veía a Chlóe y a Leonardo como parte de su familia.
***
Erika se quedó sentada en el Café Bella Vista todo el mediodía antes de regresar a «Tiempo Efímero».
Escondiendo su desánimo, se dedicó por completo a sus tareas.
Una vez que terminó todas sus labores, llamó a Amelia y le indicó con voz pausada:

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