¿Que Lorena fuera a visitarla? ¡Puras mentiras!
En aquel entonces, en la mansión Ramírez, frente a todo el mundo, Lorena le había echado toda la culpa.
Ella había querido contar la verdad; después de todo, si iba a ir a prisión, al menos sería en calidad de cómplice.
Para empezar, no habían matado a nadie, ni habían cometido ningún crimen imperdonable. Como cómplice, tal vez ni siquiera habría recibido una condena; tal vez nunca hubiera pisado la cárcel.
Pero en el instante en que Lorena le mostró el celular, ¡se quedó sin palabras!
Como Lorena la había amenazado con lastimar a su familia, no le quedó de otra más que aguantarse el coraje y cargar con toda la culpa ella sola.
Desde ese momento, ¡Lorena desapareció de la faz de la tierra!
Durante los días que pasó encerrada, su familia la visitó y por ellos se enteró de que Lorena jamás les mandó un solo centavo de compensación.
Sí, en ese celular, además de las amenazas, Lorena le había prometido que, si confesaba, se aseguraría de enviar suficiente dinero a su familia.
Al final, ella terminó pagando los platos rotos y enfrentó las consecuencias sola... ¿Y para qué?
Si no se vengaba, ¡nunca en la vida podría estar en paz!
Desde que había salido, conseguir trabajo se había vuelto casi imposible.
Sin embargo, gracias a sus habilidades como fotógrafa, ahora manejaba una cuenta en redes sociales con la que al menos sacaba para comer.
Su principal motivo para estar ahí ese día era la oportunidad de hacer contactos y buscar mejores oportunidades de crecimiento.
Además, esperaba tener la suerte de toparse con Lorena; Vanesa sabía perfecto que antes le encantaban ese tipo de eventos.
Pero, maldita sea, ¡el pinche revendedor le había vendido una entrada falsa!
Tampoco es que no la hubiera buscado en su casa. Lorena solía viajar mucho al extranjero, y en sus dos domicilios de la ciudad, por más que la fue a buscar cientos de veces, nunca dio con ella.
Los vecinos decían que llevaba muchísimo tiempo sin aparecer por ahí, y ella no tenía cómo averiguar más al respecto...
Después de repasar rápidamente toda esa información en su mente, Vanesa se quedó congelada en su lugar.
Se moría de ganas de soltarle un insulto en la cara, pero algo la detenía.
Por su parte, Erika había hecho ese comentario sarcástico a propósito para medir su reacción.
Aunque años atrás sospechaba que todo el plan para perjudicarla había sido idea de Lorena...
Vanesa tampoco era una santa.
Al darse cuenta de que a Vanesa la habían tomado por tonta y no le había quedado más remedio que tragarse el coraje, Erika sentía curiosidad por saber cómo la trataría.
Es cierto que no sabía dónde estaba Lorena en ese momento...
Pero en muchas cuestiones, siempre era bueno empezar tanteando el terreno...
Mientras Erika tramaba todo esto en su cabeza, escuchó la voz de Vanesa:
—Me vio la cara un revendedor, tampoco es para morirse de vergüenza. Tú, en cambio, te crees mucho solo porque te está yendo un poquito mejor que antes, ¿no?

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