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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 391

Erika le dijo con un tono muy serio:

—Marti, ella es demasiado orgullosa. Dudo mucho que logre articular un «gracias»... de todos modos, entremos. No te preocupes, sé lo que hago.

Martina asintió y volteó a ver a Ricardo.

—¿Entramos? ¿O te vas a quedar aquí de cadenero?

Ricardo arqueó una ceja, dio unos pasos largos para alcanzarlas y dijo entre risas:

—Oigan, ustedes dos, si se llevan tan bien es por algo, ¿no? Una es bien enojona y la otra es de hielo...

Martina le lanzó una mirada de reojo y no le contestó.

Erika, por su parte, ni siquiera volteó y siguió caminando con pasos ligeros hacia el interior.

Ricardo no se les pegó tanto; bajó un poco el ritmo y caminó detrás de ellas. Así pudo darse el lujo de observar a Erika sin que se dieran cuenta:

El vestido largo color champaña, ajustado a las caderas, resaltaba su figura a la perfección.

Tenía la espalda semi descubierta, con una piel tersa e impecable, bajando hasta su cintura delgada con unas curvas justas y proporcionadas...

Si bajaba un poco más la mirada, sentía que no estaba siendo muy caballero, así que se saltó esa parte y se fijó en sus piernas.

El dobladillo del vestido ceñido destellaba sutilmente bajo la luz con cada uno de sus elegantes pasos...

En ese momento, su mente se llenó de adjetivos: espectacular, deslumbrante, con un porte increíble.

En fin, se había quedado sin palabras...

Al entrar al salón, Erika notó que había muchísima gente, así que se apartó hacia un rincón un poco más tranquilo y echó un vistazo a todo el lugar.

—Te entiendo —dijo Martina—. Pero no te mortifiques tanto, hoy venimos nomás a observar. Oye, ¿vas a revelar que eres «Luz», la fotógrafa?

—Ahorita vemos cómo se dan las cosas —respondió Erika—. Sí me da miedito que la prensa me tome fotos y me expongan. Todavía no estoy lista para eso...

Ricardo llevaba rato callado viendo cómo se secreteaban. Como la música del salón estaba fuerte, no escuchaba nada de lo que platicaban.

Se les acercó de plano e interrumpió la conversación en voz alta:

—¿Por qué no vamos a sentarnos ya? Aquí parados parecemos los edecanes del evento.

Antes de que alguna de las dos respondiera, Ricardo añadió haciéndose el caballero:

—Señorita Milán, si tiene miedo de que otros hombres la vayan a molestar, puede tomarme del brazo...

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