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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 394

Erika apretó los labios para disimular una sonrisa, pero, desde el fondo de su corazón, sintió de pronto una punzada de tristeza inexplicable.

¿De dónde salía ese dolor?

Ricardo no era ningún tonto. Obvio que ya se había dado cuenta de que lo tenía en la palma de su mano.

Pero como su prioridad era conquistarla, cedía a todo y ponía esa cara de sumiso.

Y eso, inevitablemente, le recordó a ella misma cuando vivía detrás de Valerio y aguantaba todo...

Hay veces en las que uno jura que ya superó lo peor, pero un día cualquiera, una frase suelta o una escena bastan para que la herida vuelva a abrirse en silencio.

Erika calmó sus emociones y prefirió guardar silencio...

Para cuando miró hacia el escenario, Valerio ya había desaparecido.

Con la voz entusiasta del presentador, el banquete dio inicio formalmente.

Erika echó un vistazo por todo el lugar, buscando la figura de Vanesa entre la multitud dispersa.

Sabiendo cómo operaba, dirigió su atención a los rincones más alejados.

No pasó mucho tiempo hasta que la ubicó sentada sola en una esquina, escrutando cuidadosamente a la gente a su alrededor, como si tratara de localizar a alguien.

A su lado, Ricardo no perdió detalle de lo atenta que estaba. Tenía un montón de preguntas, pero no se atrevía a meter la pata hablando de más.

Después de dudar un buen rato, le dijo:

—Señorita Milán, no entiendo bien cómo funciona tu industria ni desde dónde empiezas. Si quieres conocer a cierto tipo de personas, me puedes decir directamente y yo te las presento...

Erika frunció un poco los labios:

—Con la prisa que traía, se me olvidó sacar las tarjetas de presentación.

Ricardo agitó la mano para restarle importancia:

Pero Martín parecía negarse a dejarla ir. La siguió de cerca y le preguntó con una sonrisa:

—Qué raro ver a la señora Romero hoy sin el señor Romero acompañándola. ¿Él es...?

Mientras decía eso, Martín entrecerraba los ojos y no paraba de escanear a Ricardo, que iba al lado de ella.

Erika notó su mirada, dudó por un momento al no escuchar a Ricardo decir nada, e hizo una pausa antes de contestar fríamente:

—Es mi hermano menor.

—Ah, ya veo. Su hermano menor. Aunque la verdad, se me hace bastante conocido de algún lado... —murmuró Martín, mientras sus ojos curiosos iban de un lado a otro.

—¡Martín! ¿Hasta acá te viniste a meter? Qué difícil es encontrarte.

Justo entonces, una voz melosa resonó cerquita de ellos. Al segundo siguiente, una mujer con caminar contoneante y mirada coqueta se colgó del brazo de Martín.

Con un rápido vistazo, Erika reconoció de inmediato a la mujer. ¡Era la misma que acompañaba a Martín el día que fue al centro comercial a comprarle el regalo a la mamá de Adrián!

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