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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 420

—¿Te gusta ese color?

Apenas Erika sacó el vestido de la percha y se dio la vuelta, se topó de frente con Valerio, quien estaba de pie justo detrás de ella y le habló.

Erika retrocedió un par de pasos sin prestarle atención. Le lanzó una mirada de total indiferencia y procedió a recorrer la habitación con los ojos, en busca de un espacio cerrado para cambiarse.

La mirada de Valerio seguía lentamente sus movimientos. Su voz profunda resonó en la habitación, cargada de elogios:

—Ese color es hermoso. Con esa tez luminosa que tienes, te verás deslumbrante... Tan bella como un hada, como...

—¿No te da asco escucharte? —replicó Erika, molesta, y luego murmuró por lo bajo—: ¿Qué clase de vocabulario es ese? Si no sabes dar cumplidos, mejor mantén la boca cerrada.

Valerio: ...

Apenas había articulado un par de palabras cuando Erika lo interrumpió con frialdad. Al terminar su reproche, le indicó de nuevo que se marchara:

—La puerta está por allá. Por favor, ten la decencia de caminar hacia ella y salir.

Esa línea que tanto le había costado elaborar, terminó bañada por un balde de agua fría. Varias expresiones cruzaron su rostro antes de asentarse en un gesto de resignación.

Hace un momento había puesto el audio de Don Ireneo a propósito, y ella pareció inmutarse por completo; y antes, en la puerta, se había enfrentado sin titubear a ese grupo de personas malintencionadas...

¿Qué clase de vida había llevado estos últimos años para volverse tan dura de corazón y tan afilada con las palabras?

No se parecía en nada a la Erika dulce y dócil que él conocía...

Además, era tan audaz como para decirle en su cara que le daba asco. ¿Quién más en este mundo se atrevería a hablarle así...?

En ese momento, Erika notó lo que parecía ser un pasillo al fondo de la habitación.

Empezó a caminar en esa dirección, sintiendo que Valerio, a sus espaldas, seguía sin la menor intención de marcharse.

Tampoco iba a quedarse discutiendo con él. Entraría, se cambiaría de ropa y se iría.

Mientras Valerio seguía perdido en sus pensamientos, al ver que ella desaparecía por el pasillo, recordó de golpe que el probador de esa área estaba conectado con la habitación de al lado.

Aunque no era un lugar por donde la gente pudiera entrar fácilmente, en ocasiones los gerentes o el personal de limpieza sí lo hacían.

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