Tras las palabras de Joaquín, Penélope se quedó paralizada en el borde de la cama, como si le hubiera caído un rayo.
Tardó un buen rato en reaccionar, hasta que finalmente soltó el llanto.
—Por el amor de Dios, ya no llores. Si te vuelves a desmayar, ni un milagro te va a salvar.
Joaquín la miraba con el ceño tan fruncido que parecía dolerle.
Se preguntó qué clase de pecado estaban pagando.
Su hijo era un desastre sin remedio, y su hija prácticamente se había escapado de casa.
Y ni hablar de Erika...
Se había escondido por años, y ahora que estaba de regreso en la ciudad, ni siquiera se había asomado por la casa de la familia Milán. Era obvio que quería evitar la pobreza de su familia a toda costa.
Para colmo, su empresa estaba al borde de la quiebra. Sin el apoyo financiero de Valerio, todo se había venido abajo y el cierre era inminente...
Bien dicen que nadie es valiente cuando ve de cerca la muerte.
Asustada por la advertencia de Joaquín, Penélope se tragó sus lágrimas rápidamente, se acomodó y volvió a recostarse en la cama del hospital.
Después de suspirar con pesadez, ambos comenzaron a discutir cómo iban a pagar los gastos médicos en el futuro...
***
Al día siguiente.
Era fin de semana.
Erika tenía planeado acompañar a los niños a su sesión de fotos.
Sin embargo, a primera hora de la mañana, recibió un correo de Adrián.
El correo contenía información confidencial sobre la familia Jiménez.
Sin más remedio, Erika llevó a los niños al set, dejó a Amelia y a un par de niñeras encargadas de cuidarlos, y condujo a toda prisa hacia la dirección que venía en el mensaje.
A mitad de camino, su teléfono empezó a sonar.
Erika buscó un lugar seguro para orillarse. Una vez que se detuvo por completo, sacó el celular de su bolso en el asiento del copiloto.

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