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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 440

Tras varios minutos sentados allí, el doctor, que había estado ocupado en la computadora, se levantó de repente, dijo que necesitaba ir a otro departamento y salió apresurado junto con la enfermera.

Al ver la escena, Erika frunció el ceño ligeramente; pensando que el doctor y la enfermera tardarían en regresar, se levantó con la intención de ir a ver cómo estaba su niña.

Sin embargo, en el instante en que se puso de pie, Valerio la agarró del brazo y la jaló hacia la silla.

—Siéntate, tengo que hablar contigo —le ordenó Valerio con firmeza, aunque sin levantar la voz.

Erika le respondió con frialdad:

—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.

Valerio frunció el ceño y, con una voz suave, protestó:

—Te acabo de ayudar, ¿no? ¿Cómo puedes ser tan indiferente con alguien que te hace un favor?

Erika no le contestó, porque no sabía qué decirle.

Al pensar en lo que le había contado Amelia, y al ver las manchas de sangre en su ropa... dejando todo lo demás a un lado, si realmente Alma tenía alguna enfermedad grave, el hecho de que él la hubiera traído tan rápido al hospital era algo que sí le debía agradecer.

Al pensarlo mejor, la expresión de Erika se suavizó un poco.

Abrió los labios y murmuró con desgana:

—Habla.

Apenas unos segundos después de sus palabras, resonó de nuevo la voz profunda de Valerio:

—¿Quién es el papá de los niños?

Su tono carecía de emoción; era tan casual que parecía estar preguntando: "¿Ya almorzaste?".

Pero para Erika, la pregunta fue como un balde de agua fría; nunca había anticipado algo así y mucho menos había preparado una mentira convincente.

Dudó un instante, aunque su tono se mantuvo sereno:

—Eso no te incumbe.

Apenas terminó de hablar, Valerio le respondió:

—¿De verdad?

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