Al no recibir respuesta ni poder ver su rostro, Valerio intentó persuadirla con infinita paciencia:
—Tal vez no te das cuenta de la gravedad del asunto. Esto es delicado. Si no quieres pensar en ti, piensa en los niños. Si alguien de verdad quiere hacerte daño, ¿te has puesto a pensar en qué será de ellos?
Al escuchar eso, a Erika se le heló la sangre y sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Frunció el ceño, intentando recordar los sucesos del día anterior...
Quizás por haber dormido tanto después de la fiebre, o por haber agarrado frío la noche anterior, el simple hecho de esforzarse en recordar hizo que la cabeza le punzara.
Regresó a la cama despacio y se acomodó en una posición más cómoda.
Pensando en lo que había pasado ayer, no podía evitar sentir una oleada de miedo retrospectivo...
Todo comenzó cuando llegó al estacionamiento.
Estaba a punto de subirse a su auto cuando se le acercaron dos hombres.
Al principio pensó que eran delincuentes, pero le explicaron con total respeto que venían de parte de Marcos Jiménez para invitarla formalmente a una reunión.
En cuanto escuchó que venían de parte de Marcos, a Erika le vino de inmediato a la mente Lorena Jiménez. Pensó que tal vez podría obtener algo de información a través de él.
Además, Marcos ya había descubierto que Lorena no era su hija biológica y por eso había llegado hasta Penélope Milán. Considerando que Penélope había fingido la muerte de Erika, era evidente que ella había intercambiado a las bebés en algún momento.
Sin embargo, parecía que el intercambio no había sido entre ella y Lorena; definitivamente había algo que no encajaba en esa historia.
Erika ya tenía en sus manos los resultados de la prueba de ADN, pero era muy probable que Marcos aún no supiera que ella tampoco era su hija biológica. De lo contrario, jamás habría citado a una completa desconocida.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón