Amelia contestó casi enseguida:
—Erika, voy en camino a dejar a los niños en la escuela. En cuanto termine, me voy directo al hospital. Martina ya me pasó el número de la habitación. No se me olvida.
Apenas Amelia terminó de hablar, de fondo se escucharon las voces alborotadas de los niños gritando: "¡Mami!".
Erika, con el corazón derretido de amor, apenas podía contestar a todos. Amelia se rio y dijo:
—Quieren hacer videollamada contigo. Aún faltan como diez minutos para llegar a la escuela.
—Sí, sí, pónmelos en videollamada —aceptó Erika, aunque al instante se arrepintió. No podía dejar que los niños la vieran en un cuarto de hospital.
Cortó la llamada de voz y echó un vistazo por la habitación, buscando un rincón que no delatara dónde estaba.
Finalmente, se decidió por la ventana y se paró dándole la espalda al cristal.
Al contestar la videollamada, las caritas de sus pequeños llenaron la pantalla, y sus alegres voces resonaron en el lugar.
Erika sonrió dulcemente y les dijo con cariño:
—Mami tuvo un viaje de trabajo de emergencia ayer, pero pórtense bien en la escuela y hoy paso a recogerlos...
Antes de que Erika terminara de hablar, sintió de nuevo ese aroma fresco a su lado. De repente, Valerio asomó la cabeza en el encuadre de la videollamada.
—¡Señor! ¿Usted está con mami? —exclamó la pequeña Alma, llevándose sus manitas regordetas a la boca por la sorpresa.
Thiago y Enzo también soltaron gritos de asombro.
—Hola a todos. Sí, estoy ayudando a su mamá con unas cosas del trabajo... ¿Me han extrañado? —preguntó Valerio, con una sonrisa cálida asomándose en sus ojos.
—¡Sí, mucho! Acuérdese de ir a visitarnos al set el próximo fin de semana —se adelantó Alma. Sus hermanos asintieron con la cabeza.
—Claro que sí, ahí estaré...

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