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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 494

Adrián no conseguía explicarse cómo era posible que arrestaran a la persona para interrogarla apenas sucedió el problema.

Sabía también que, en ese momento, ninguna palabra de consuelo serviría de algo. Al igual que Erika, compartía el dolor de lo que estaba ocurriendo y empatizaba totalmente con su estado de ánimo.

Mientras tanto, Erika, ahogada en el pánico, corría de un lado a otro: ora consultando al abogado, ora preguntando en la ventanilla.

Pero el abogado, sin haber revisado en detalle los hechos ni haberse entrevistado con su amiga, no podía ofrecer una respuesta concreta. Por otra parte, en la ventanilla alegaban desconocer el tema. Preguntaran a quien preguntaran, todo esfuerzo era en vano.

Mientras Erika se hallaba sumida en el desconsuelo, se oyeron pasos y murmullos no muy lejos de allí.

Esa voz... se le hizo cada vez más conocida.

Siguiendo el sonido, Erika miró hacia el pasillo más allá de la esquina y vio a un grupo de personas detenerse.

Un hombre que parecía ser un abogado le rendía informe a Valerio con mucho respeto.

Valerio fruncía el ceño por momentos y en otros asentía con la cabeza.

A su lado se encontraba Diego Álvarez junto a otros dos hombres.

Al parecer, la conversación terminó en seguida y Valerio echó a andar en su dirección.

En cuanto Erika se percató de ello, dio marcha atrás de prisa hacia la sala de espera.

—¿Qué sucede, Eri? —preguntó Adrián con el ceño fruncido.

—Nada. —respondió Erika negando con la cabeza.

Apenas terminó de pronunciar esas palabras, el grupo de Valerio ya se había acercado hasta ellos.

Erika no levantó la vista, pero en su campo de visión aparecieron unos zapatos que se detuvieron frente a ella.

—Señorita Milán. —dijo Diego Álvarez.

Erika levantó la cabeza poco a poco, asintió en señal de cortesía hacia él y rápidamente volvió a bajar la mirada.

Tampoco le extrañaba verlos en aquel lugar. Tratándose de un grupo corporativo tan inmenso, era normal que surgieran problemas legales de vez en cuando; cuando formaba parte de la familia Ramírez, había escuchado en alguna ocasión que él había visitado centros de detención por asuntos laborales.

Valerio, de pie allí, lanzó una ojeada de reojo a Adrián antes de clavar su mirada en Erika.

Se veía alterada y en su rostro solo había preocupación; si a eso le sumaba que apenas se estaba recuperando de la fiebre, su apariencia era la de alguien exhausto.

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