—Eri, ¿qué te dijeron? —se acercó Adrián y preguntó en voz baja.
Erika se arrastró hacia la salida y, mientras caminaba, le respondió:
—Me dijeron que Martina ya tiene un abogado y que no podemos quedarnos mucho tiempo. Así que será mejor que nos vayamos.
Adrián asintió y le sugirió:
—De acuerdo. Tú ve y espérame en el auto, yo voy a hablar un momento con nuestro abogado.
—Está bien. —Después de contestar, ella salió por la puerta del vestíbulo.
En cuanto llegó al aparcamiento, escuchó que alguien la llamaba por su nombre.
Erika miró hacia la dirección del sonido y se encontró con Ricardo corriendo hacia ella.
—Señorita Milán, qué sorpresa encontrarla aquí.
Erika, sin ganas de conversar, asintió levemente a modo de saludo.
—Después de cruzarme contigo ese día, salí de viaje al extranjero, por eso no me había comunicado. Te ves bastante pálida hoy —comentó Ricardo. Luego, echó un vistazo al edificio principal y le preguntó con el ceño fruncido—: ¿Qué haces en un lugar como este? ¿Qué fue lo que pasó?
Erika sintió un nudo en la garganta. Aún no tenía la menor idea de cómo iban las cosas y el miedo de que Martina se enfrentara a algo grave la tenía en vilo.
A pesar de que Ricardo le había preguntado, ella no estaba para charlas. Se limitó a decir con frialdad:
—Nada importante. Si tienes cosas que hacer, adelante. Yo ya me iba.
Al ver que Erika daba un paso para marcharse, Ricardo se apresuró a seguirla y, con voz compasiva, dijo:
—Con esa cara que tienes, es evidente que algo anda mal. Cuéntame, la familia Ríos tiene muchos contactos que podrían serte de gran ayuda en un caso como este.
—¿Tienes los datos del cliente con el que trabajó?
Erika asintió. Sacó unos documentos de su bolso y se los tendió. Eran papeles que una compañera cercana de Martina le había pasado en secreto; después de tanto trajín, eso era todo lo que había conseguido.
Ricardo tomó la carpeta y, con voz suave, la tranquilizó:
—Esa amiga tuya, a la que conoces desde pequeña, seguro que es de fiar. Lo más inteligente sería empezar a investigar al cliente. Aunque, me temo que ella tendrá que pasar por un trago amargo. Pero no te agobies. Si todo esto es una acusación falsa, una vez que encontremos un hilo del que tirar, la verdad no tardará en salir a la luz.
El rostro de Erika seguía mostrando preocupación. Exhaló un suspiro ligero y respondió:
—Te lo agradezco muchísimo, señor Ríos. Por favor, dime directamente cuánto nos costará todo esto...
—Hecho. Pero recuerda que también me debes una comida, no lo he olvidado.
Ricardo respondió con un tono relajado, tratando de bromear sobre la invitación para que Erika se sintiera más aliviada.

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