Contra todo pronóstico, Magdalena fue tras ellas. Erika la escuchó hablar en tono formal:
—Señorita, no sé si le interesaría trabajar como modelo publicitaria. Por cierto, permítame presentarme rápidamente. Soy fotógrafa, bastante conocida en este medio. Si le llama la atención la propuesta, le aseguro que puedo hacerla famosa de la noche a la mañana.
Mientras hablaba, Magdalena sacó una tarjeta de presentación de su bolso y se la ofreció.
Erika no hizo el ademán de tomarla. Magdalena no tenía idea de quién era ella, pero Erika sí que la conocía perfectamente.
Además, ya había llegado a sus oídos que Magdalena estaba montando su propio estudio, lo que muy pronto la convertiría en una fuerte rival en el mundo de los negocios.
Por ahora, no tenía ninguna intención de que su identidad secreta como la fotógrafa Luz saliera a la luz.
—Hoy en día hay muchos estafadores, entiendo que dude. No hay prisa, quédese con mi tarjeta, busque mi nombre en internet y piénselo. Su forma de vestir denota muy buen gusto, su porte no es el de alguien que pase necesidades. Sin embargo, nadie le hace ascos a ganar más dinero o a tener más fama. ¿No le parece? Hasta la próxima.
Mientras Erika aún reflexionaba sobre el encuentro, Magdalena ya le había puesto la tarjeta en la mano y se perdía por la entrada principal.
Amelia, que no había perdido detalle, le preguntó en voz baja:
—Erika, cuando se inaugure el estudio, ¿planeas revelar que tú eres Luz? ¿Crees que será un problema si se cruzan más adelante?
—Para nada. Aunque al principio sí pensé en aprovechar la fama de Luz para impulsar el negocio, después me di cuenta de que podemos aplicar la misma estrategia de Tiempo Efímero, ¿no crees?
Mientras contestaba, Erika pasaba sus dedos por la tarjeta de presentación, echándole un vistazo. Todavía no figuraba el nombre de ningún estudio; probablemente Magdalena había acudido ese día a la oficina para completar los trámites de registro.
Amelia, sin estar del todo convencida, añadió:

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