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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 535

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Quizá por orgullo, Elena balbuceó con la voz entrecortada:

—A saber si no lo escondieron ustedes hace un rato...

Al escuchar eso, Erika simplemente tomó el reloj y respondió con frialdad:

—Señorita Pardo, usted sabe perfectamente que fue su propio descuido.

Dicho esto, Erika se dio media vuelta y salió de la habitación. Sin importarle que Elena le gritara desde atrás, caminó escaleras arriba hasta llegar de nuevo a la recepción y entonces se detuvo.

Elena, quien venía siguiéndola de cerca, llegó jadeando, fulminó a Erika con la mirada, recuperó el aliento y le recriminó con dureza:

—¿A qué estás jugando?

Erika la miró de reojo, se acercó a paso firme hasta donde estaba Renata, le levantó suavemente el mentón y dijo en un tono firme y severo:

—¿Ya vio? Usted golpeó a mi empleada. Una indemnización económica y una disculpa; no puede faltar ninguna. ¿Piensa disculparse primero o prefiere hablar del monto?

Siguiendo la postura de Erika, Elena miró a Renata. Antes estaba tan alterada, y como Renata había estado esquivándola desde que notó la falta del reloj, el coraje la dominó.

Cuando volvió a toparse con ella, la actitud victimista de la muchacha le sacó de quicio, y presa de la furia, le soltó una bofetada.

Pero ahora que el reloj había aparecido, y considerando que era poco probable que Renata lo hubiera robado para luego esconderlo debajo de los guantes...

Sumado al aura imponente de aquella jefa que exudaba una presión innegable, Elena se sintió acorralada.

Sin embargo, con tantas personas observando, pedir disculpas le parecía algo inaceptable.

Pensando en su estatus de superioridad, intentó justificarse:

—Tu empleada no cooperó para solucionar el problema y me faltó al respeto. ¿Quién me asegura que no se escondió en ese momento para volver a meter el reloj en el tocador al ver que el problema se había salido de control? Ustedes solo están montando un teatro para intimidarme.

—¿Ah, sí? Entonces... ¿Llamamos a alguien para analizar los componentes de estas pastillas?

—¡Tú! —Elena la miró furibunda, quedándose sin palabras por un instante.

Erika no quiso perder más tiempo y fue directo al grano:

—Si no se disculpa con mi empleada y le paga una indemnización ahora mismo, llamaré a la policía y además... —Erika alargó la frase a propósito antes de continuar— Además, llamaré a una ambulancia para llevarla al hospital y hacerle una evaluación médica por lesiones.

La expresión en el rostro de Elena se fue oscureciendo poco a poco.

Si llamaban a la policía, quedaría en evidencia que había golpeado a alguien por un malentendido y la obligarían a disculparse.

Y si encima llamaban a una ambulancia y esa niñita empezaba a fingir zumbidos en los oídos o mareos, a saber cuánto dinero tendría que soltar para cubrir los gastos médicos.

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