Ricardo quedó totalmente descolocado por la ráfaga de preguntas de Valerio.
¿No había regresado ya desde hace bastante tiempo? ¿Qué clase de pregunta era esa?
¿Y a qué venía? Él venía a...
Ricardo frunció el ceño y tartamudeó:
—Yo... vine a invitar a cenar a la señorita Milán. Oye, Valerio, ¿cómo que cuándo volví? ¿Acaso no regresé al país hace tiempo?
A un lado, Erika se reía por dentro; quería ver hasta qué punto llegaba el teatro de haber perdido años de memoria.
Pensando en eso, se apresuró a seguirle la corriente a Ricardo:
—El señor Ríos no lo sabe, pero parece ser que el señor Ramírez sufrió un episodio repentino de amnesia; solo recuerda cosas que pasaron hace unos años.
—¡No me digas! ¡¿En serio?! —Ricardo abrió los ojos como platos, dirigió su vista hacia Valerio e, instintivamente, le puso el dorso de la mano en la frente, aunque este se la apartó de un golpe al instante.
Sin darle importancia, Ricardo preguntó impresionado:
—¿Por qué esa amnesia tan de repente? ¿Del tipo selectivo? ¡Esto es una locura de telenovela!
Valerio frunció el ceño sin emitir respuesta. Su mirada paseó por los rostros de Erika y Ricardo por un instante.
De pronto, tomando a Erika por sorpresa, Valerio la rodeó con su brazo y miró fijamente a Ricardo:
—¿Por qué vienes a buscar a solas a mi prometida? ¿Qué intenciones tienes?
Ricardo se quedó de piedra. Con los pocos encuentros que habían tenido, llevaba tiempo queriendo exigirle a Valerio una explicación.
Pero también tenía miedo de indagar, temiendo confirmar que entre ellos existía el tipo de relación romántica que él sospechaba, y más aún, temiendo que esa historia aún no hubiera llegado a su fin; pero escuchar todo esto...
Si Valerio realmente sufría de amnesia selectiva, eso quería decir que su memoria se había quedado estancada años atrás. ¿Qué significaba entonces que Erika fuera su prometida?


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