Erika enumeró todos los desplantes y finalmente soltó la pregunta:
—Diego, ¿a todo eso le llamas un "malentendido"?
Erika le lanzó ese duro cuestionamiento remarcando cada sílaba, mientras que su mirada se tornaba aún más helada.
—Señora, en las relaciones, los malentendidos son precisamente los que causan distanciamiento o provocan ese tipo de roces y malas palabras. Trate de recordar, ¿cómo estaban recién casados? Para los que estábamos fuera de su círculo, parecían hechos el uno para el otro. ¿En qué momento empezaron a cambiar? ¿Alguna vez se ha puesto a pensarlo?
Diego explicó pacientemente, esperando que Erika reflexionara al respecto con mayor calma.
Al escuchar eso, Erika efectivamente se sumió en un silencio reflexivo.
¿En qué momento empezaron a cambiar?
Tras meditar sobre el asunto, se le escapó una sonrisa irónica.
¿Acaso le había demostrado afecto alguna vez?
Siempre creyó que Valerio simplemente tenía un carácter frío; un tipo implacable en el mundo de los negocios, que no tenía idea de cómo tratar bien a una mujer.
No obstante, las atenciones que tenía hacia Lorena eran cosas que ella jamás había experimentado a su lado.
Si nunca había existido algo bueno entre ellos, entonces, ¿cómo podía hablar de algún «cambio»?
Viendo una oportunidad, Diego siguió hablando:
—Señora, yo soy mayor que ustedes, y como observador imparcial, logro ver las cosas con mayor claridad. Si él buscaba a María tan desesperadamente, debe ser por algo que usted le dijo. Y en cuanto a usted... hace rato cuando corrió hacia él cubriéndose la boca y llorando... yo vi toda la escena. En el fondo, él todavía le importa. No me venga con que fue algo instintivo; en situaciones de emergencia, la primera reacción que uno tiene revela lo que el corazón de verdad siente.
Diego hablaba con absoluta sinceridad y, la verdad, sus argumentos sonaban bastante lógicos.
Pero, mientras él pronunciaba aquellas palabras, la mente de Erika ya se había desviado de lo que acababa de vivir para revivir incontrolablemente el momento en que Valerio amenazó con acabar con sus hijos.
Podían decir misa, pero con eso había bastado.
Aquella amenaza la había dejado completamente destrozada.
Erika se encontró de nuevo con la mirada de Diego; su expresión había vuelto a ser totalmente serena.
—Diego, te agradezco la intención. Eres una buena persona, pero ya no me une absolutamente nada con ese hombre. Puedes volver a lo tuyo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón