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La “Pobre” Me Robó al Marido romance Capítulo 12

Bárbara se acomodó contra la cabecera y se llevó los dedos a las sienes.

El mareo había sido producto del arranque de coraje y de haberse levantado de golpe. Ya se sentía un poco mejor, aunque su cuerpo seguía débil.

Abel se sentó a la orilla de la cama. En sus ojos claros se reflejaba el rostro pálido de su esposa: —¿Otra vez no comiste a tus horas?

Bárbara detuvo su mano por un momento.

Levantó la vista, se topó con la mirada de Abel y soltó una risa amarga: —Dime, ¿a qué mujer no se le cierra el mundo al enterarse de que su marido le pone el cuerno y hasta tiene un hijo por ahí?

Abel se quedó de piedra.

—Me dijiste que te ibas de viaje de negocios al extranjero, ¡pero en realidad estabas en Jardines de Esmeralda! ¡Estabas ahí, celebrando el cumpleaños de ese niño con Luna!

Abel frunció el ceño ligeramente: —¿Cómo sabes lo de Jardines de Esmeralda? ¿Me mandaste investigar?

Bárbara dejó escapar una carcajada burlona: —¡Tienes el descaro de meter a tu amante y a tu hijo bastardo en Jardines de Esmeralda, ¿y te asusta que te investigue?! ¿O de verdad creías que me iba a tragar tus mentiras para siempre como una estúpida?

—No planeaba ocultártelo toda la vida —respondió él, con una expresión cargada de frustración—. Es un tema muy complejo, luego te lo explicaré...

—¿Explicarme qué? Ese niño te dice papá y a Luna le dice mamá. ¡Es tu vivo retrato! ¿No te parece suficiente? ¿Qué me vas a explicar? ¿Que no era tu intención ocultármelo? ¿O me vas a salir con que fue sin querer que te metiste con Luna justo cuando nuestros hijos acababan de morir?

Bárbara hablaba cada vez más alterada hasta que, en un arranque de furia, levantó la mano y le cruzó la cara de una bofetada.

El golpe le volteó el rostro a Abel, cuya expresión se oscureció al instante.

—¡Bárbara, ya pasaron cinco años! ¡¿Cuándo vas a dejar de actuar como una loca?! —exclamó él, sujetándola de la muñeca con fuerza. En sus ojos centelleaba la furia—: Davito no tiene nada que ver con lo que les pasó a nuestros hijos, él es inocente...

—¡Ese niño tiene cinco años!

Ella lo fulminó con una mirada cargada de odio y dolor.

—¡Es solo cuatro meses menor que mis niños! Cuando le estabas festejando su cumpleaños, ¿siquiera te acordaste de mis pobres bebés? ¿Me sales con que él es inocente? Entonces, ¡¿mis hijos merecían morirse?! ¡¿Ya se te olvidó que por tu culpa ya no están en este mundo?! ¡Todo fue por tu culpa!

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