Federico apretó los labios, pensando cómo responder, cuando de repente Vanesa apareció y le dio un golpecito en la cabeza a Lucio. Lucio soltó un quejido, se cubrió la cabeza y corrió a esconderse detrás de Valentín buscando protección.
—Señor, mire, otra vez me pegó.
—Hablas demasiado, bien merecido lo tienes —contestó Valentín sin dudar ni un segundo. Lucio hizo una mueca, pero no se atrevió a replicar.
—Es mi hermano, a mí me cambiaron al nacer —dijo Vanesa con total naturalidad, lo que hizo que Federico se sintiera aún más incómodo.
Lucio abrió los ojos de par en par, mirando de uno a otro como si no pudiera creer lo que escuchaba.
—Entonces, ¿la familia Montemayor te echó? ¿Cuándo pasó eso? El cuarto en Recinto de la Brisa lo he seguido manteniendo limpio, ¿quieres que te acomode las sábanas para más tarde?
Vanesa sonrió de lado, le revolvió el cabello y su voz sonó un poco más suave.
—Por ahora solo recuerda que me llamo Vanesa.
—Sí, sí, ya lo tengo presente —dijo Lucio, sin atreverse a preguntar más.
—¿Y el cuarto...?
—Por ahora no lo necesito.
—Ah —respondió Lucio, y si uno ponía atención, hasta se le podía notar algo decepcionado.
La sonrisa de Vanesa no se borró ni un instante. Federico se dio cuenta de que se veía de muy buen humor. Nunca la había visto así cuando vivía con la familia Balderas; en ese entonces sus sonrisas siempre parecían falsas o distantes, nunca tan cálidas como ahora.
—Ya recogí las medicinas, y ya es tarde. Mejor nos vamos. Nada de comer dulces, la próxima vez te traigo otras cosas para que pruebes.
—Ya, ya, niña, qué manera de fastidiar, no sé a quién saliste tan regañona —se quejó Valentín, aunque en su voz se notaba que le encantaba escucharla.
—Y si la próxima vez te vuelvo a cachar comprándole dulces al abuelo, te llevo directo a la casa del terror, a ver si aprendes.
—¡Ya estuvo, hermana, ya estuvo! No me atrevo, te lo juro —Lucio juntó las manos como si estuviera rezando, a punto de tirarse al suelo de rodillas.
—¿Puedo hacer una pregunta? —de pronto soltó Federico, haciendo que los tres voltearan a verlo al mismo tiempo.
—En el cuarto y en la sala hay un aroma a medicina, y aunque ya anoté los ingredientes, siento que me falta uno. Si no es mucha molestia, ¿podría usted, señor Valentín, ayudarme a resolver la duda?
Al escuchar eso, Valentín pareció interesarse un poco. Miró hacia Vanesa, quien simplemente sonrió de manera tranquila, dejando en claro que ella no le había pedido a Federico que hiciera nada.
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