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La Princesa romance Capítulo 269

—Así es, ya no hay remedio. Si termino en la calle, acuérdate de darme posada —bromeó Esteban.

Esteban seguía siendo el mismo de siempre: de cada tres palabras que decía, dos eran puro cuento.

—Ojalá sí acabes durmiendo en la calle —respingó Vanesa, fastidiada.

Por el teléfono se colaron un par de risas suaves.

—No te preocupes, ya tengo un plan.

Al oír eso, Vanesa por fin sintió alivio. Alzó la mirada y se quedó observando la foto sobre la mesa, sintiendo un nudo extraño en el pecho.

—Bueno, si de verdad te arruinas, tampoco me molestaría darte techo.

No esperó respuesta de Esteban. Simplemente colgó la llamada.

El tono de ocupado llenó la línea. Esteban, con una sonrisa torcida, parecía estar de buen humor.

Últimamente, Grupo Montemayor andaba con demasiados problemas. En los últimos días, apenas si había dormido tres horas en total. Se frotó el entrecejo y se recargó en la silla, notando que el cansancio se le desvanecía un poco gracias a esa llamada.

—Esta mocosa, al menos sí tiene corazón.

Murmuró, mirando la pantalla oscura de su celular. Pero en ese instante, el aparato volvió a encenderse.

Esteban borró la sonrisa y se sentó derecho, atento.

—Mañana a las doce del mediodía, en el restaurante Frontera. No vayas a olvidar tu cita con la señorita Gavilán —la voz de Matías sonó tajante, sin ningún rastro de cariño paterno.

—Ya lo sé —respondió Esteban con indiferencia, su mirada era tan impasible que cualquiera pensaría que hablaba con un desconocido.

—Tú sabes bien cómo está Grupo Montemayor. Es indispensable conseguir la inversión de Grupo Gavilán. No tengo que decirte cómo debes actuar, ¿verdad?

—Ajá.

El otro no se molestó por su actitud. Con la confirmación, cortó la llamada sin más.

Esteban se rio con desdén y arrojó el celular sobre la mesa, sin volver a mirarlo.

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