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La Princesa romance Capítulo 270

Esteban era así, con una sola frase ligera podía dejarte sin palabras. Inés, al escuchar la primera parte de su comentario, se sintió triunfante, pero apenas oyó la segunda mitad, se le torció la boca de pura molestia.

—Pide lo que quieras —no esperó a que Inés explotara y le pasó la carta del restaurante.

Inés se contuvo, aunque por dentro sentía que iba a estallar. Para desahogarse, decidió pedir varios platillos caros, a todas luces demasiados para solo dos personas.

—¿A poco el señor Montemayor se va a preocupar por unos cuantos pesos? —cerró el menú y se lo entregó al mesero.

—La señorita Gavilán sí que tiene buen apetito. Parece que ni se nota que, según dicen, estuvo en un accidente. Que sea todo esto, por favor —la primera parte iba para Inés, la segunda para el mesero, casi sin inmutarse.

Inés apretó la mandíbula. ¡Ella nunca había estado en ningún accidente!

Guardó silencio por un momento, hasta que la comida llegó. Aprovechó el primer bocado para retomar la conversación, como si nada.

Cortó un trozo de carne, lo llevó a la boca y, después de limpiarse con la servilleta, levantó la mirada hacia Esteban.

—Ayer vi a tu hermana… bueno, me equivoqué, debería decir esa farsante que se hace pasar por tu hermana. Si no mal recuerdo… se llama Vanesa Montemayor, ¿no? O mejor dicho, Vanesa, a secas.

Mientras hablaba, Inés observaba a Esteban con atención, queriendo ver alguna reacción.

Pero Esteban seguía comiendo, tranquilo, como si la cosa no fuera con él.

—Esa hermana tuya, la impostora, arruinó un vestido mío que costaba tres millones.

Por fin, Esteban levantó una ceja y se dignó a mirarla. Inés creyó que él se estaba burlando de su mala suerte, así que pensó que había dado en el clavo y siguió desahogándose.

—Con la poca edad que tiene, le sobra el descaro. Y encima, su "hermanito" que apenas va siendo famoso, los dos se lucieron diciendo que me iban a pagar el vestido —en su rostro se dibujaba una mueca de burla, como si la que había quedado en ridículo el día anterior no fuera ella.

—Se nota que lo corriente se trae en la sangre. Aunque hayan recibido educación de élite, por dentro siguen igual de podridos. No tienen modales, ni saben comportarse —dijo, moviendo la cabeza con un gesto de desprecio, sin ocultar su repulsión.

—Pero bueno, yo soy de mente abierta, ¿no? Tres millones no es nada para mí. Claramente, ellos no tienen con qué pagarme, así que decidí dejarlos ir.

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