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La Princesa romance Capítulo 290

Los tres se miraron entre sí, sin saber por un momento qué hacer.

—¿Ya pagaron la cuenta? —preguntó Cintia en voz baja.

Beatriz negó con la cabeza; solo había visto al gerente tomar la orden y salir del salón.

—Solo fue a hacer una llamada, no hay por qué ponerse así —dijo Natalia, que parecía la más tranquila del grupo.

—Oigan, ¿esa no es Vanesa? —Cintia, distraída mientras revisaba la página oficial de la escuela, se topó con una foto de Vanesa y David llegando juntos esa mañana.

—¿Y el que va con ella quién es? —preguntó Beatriz, inclinándose para ver mejor la pantalla.

—Seguro es su novio. Y se ve que tiene lana y está guapo. Qué envidia.

Al escuchar eso, Natalia también se asomó.

—¿Ese chavo estudia aquí? No puede ser, alguien tan guapo ya habría salido en las redes de la escuela. No creo que esa sea la única foto que hay de él.

—Es de los nuevos. Escuché que anda por el área de Finanzas —respondió Natalia, mostrándoles otra foto que había encontrado en internet.

—Parecen pareja de novela, la neta.

—¡Miren esta! —exclamó Beatriz, con las mejillas rojas, dándoles golpecitos en el brazo a sus amigas. Era una foto de David y Vanesa despidiéndose en la entrada de la escuela con un beso.

El pie de foto decía: [¿Quién entiende? Primer día de clases y ya me toca ver cómo se dan amor en la puerta.]

Las tres se soltaron riendo, emocionadas con el chisme, hasta que unos golpecitos en la puerta las interrumpieron.

Era el mesero trayendo sus platillos.

En un segundo, todas guardaron silencio y regresaron a sus lugares.

—¿Y Vanesa? ¿Por qué no ha vuelto? —preguntó Cintia, mirando hacia la puerta.

—Si quieren, yo voy a buscarla —se ofreció Natalia.

Natalia salió, siguiendo el camino por donde había venido Vanesa. Preguntó al primer mesero que vio si la había visto; para su sorpresa, parecía que todos en el restaurante sabían perfectamente quién era. En menos de lo que pensó, un mesero la llevó directo hasta Vanesa.

Vanesa ya había terminado su llamada. Frente a ella estaba parado un hombre.

—Vaya, qué coincidencia volver a verte —saludó Nicolás con una sonrisa, como si fueran viejos conocidos.

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