Las publicaciones en las redes sociales pasaban una tras otra, y Vanesa, sentada en la cafetería junto con otras tres chicas, revisaba tranquila las noticias en tiempo real, mientras las demás discutían con entusiasmo.
Para Vanesa, no era ninguna sorpresa que saliera a la luz que Jacinta había estado involucrada en acoso escolar. Después de todo, las cosas que uno hace siempre dejan alguna huella. Lo que sí no se esperaba era que su vida en el extranjero fuera tan intensa y llena de escándalos.
Si al principio todo esto lo había publicado la propia Jacinta, ¿entonces quién soltó lo que vino después?
A Vanesa le vino a la mente la escena de aquel día en la que Jacinta y Nicolás Morales se peleaban en plena calle.
Ese Nicolás... todavía no sabía si era de fiar o no, pero estaba claro que no era un tipo común y corriente.
Vanesa tamborileaba los dedos sobre la mesa, algo que hacía sin darse cuenta siempre que se ponía a pensar.
—Oye, Vane, entonces eso de la verdadera hija... ¿será cierto? —preguntó Cintia, interrumpiendo el silencio.
—Yo creo que sí —respondió Vanesa, regresando al presente y dejando el celular sobre la mesa.
—¡Qué fuerte! —Cintia abrió la boca, sin saber ni qué decir.
—Mi mamá me mandó un mensaje para que vaya a casa este fin de semana. Cuando termine las clases en la tarde, me voy directo y a la vuelta les traigo algo de comer. Mi mamá cocina delicioso —comentó Vanesa, con un tono entre presumido y cariñoso, pero lejos de caer mal, a todas les provocó envidia.
Era como cuando, de niñas, llovía a cántaros y las demás tenían que esperar a que parara la lluvia, mientras una podía irse rápido porque sus papás iban a recogerla. Presumir así, con esa alegría genuina, siempre generaba un poco de envidia sana.
—Qué suerte, poder ir a casa el fin de semana —suspiró Natalia.
—Y pensar que yo quería aprovechar el primer fin de semana para que saliéramos todas de compras —añadió, dejando su celular a un lado.
—¿Y si vamos a la biblioteca? —propuso Beatriz, con los ojos llenos de ilusión.
—Manita, ve tú sola, apenas vamos empezando la uni, yo mejor descanso por ahora —Cintia juntó las manos como si rogara piedad, y Natalia le secundó sin dudar.
Beatriz bajó la mirada, un poco desanimada.
—Yo creo que es por todo lo que pasó hoy. Mejor la próxima semana. Mi novio va a inaugurar su nuevo parque de diversiones, ya lo terminan de construir y la próxima semana abren. Si quieren, antes de la inauguración oficial, las llevo a dar una vuelta para que vivan la experiencia de tener todo el parque solo para nosotras —comentó Vanesa, como si no fuera nada del otro mundo.
—¿¡Parque de diversiones!? —Cintia casi gritó, pero por suerte el bullicio del comedor disimuló su reacción.

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