Sin pruebas, todo quedaba en simples palabras al aire.
—¿Y qué otras opciones tenemos?
Si el plan A no funcionaba, todavía quedaban la B y la C.
—De este lado, ya estamos enviando cartas de abogados a los usuarios que han difundido y compartido rumores falsos en redes…
El encargado no alcanzó a terminar su explicación cuando alguien tocó la puerta de la sala de juntas.
—Adelante.
Todas las miradas se dirigieron a la entrada.
—Señora Balderas.
A simple vista se notaba que Esmeralda había llegado con prisa. Aunque vestía impecable, su cabello estaba un poco despeinado, nada que ver con la imagen de robot perfectamente programado que solía proyectar.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Vanesa, sorprendida al reconocerla.
Desde que los proyectos de Estudio Eco de Musas empezaron a crecer, Esmeralda se enfocó por completo en Venus Couture, dejando la gestión del estudio en manos de Blanca. Por eso, no tenía por qué involucrarse en este lío.
—Encontré el video de aquel día. Como ya pasó tiempo, tardé en hallarlo.
Sacó su celular, un modelo antiguo de los primeros smartphones. Tenía ese aire nostálgico de otra época.
—Le cargué la pila en la mañana, por suerte todavía prende —dijo Esmeralda, con alivio en la voz.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa