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La Princesa romance Capítulo 405

Mientras tanto, David ya había terminado de arreglar todo y estaba esperando abajo.

Al ver a Vanesa llegar tomada de la mano de los dos niños, no dudó en abrir la puerta trasera del carro. Esperó a que los tres estuvieran bien sentados antes de arrancar.

—¿Cómo te fue por allá? —preguntó en cuanto comenzaron a avanzar.

—No fue nada grave, solo necesita descansar un tiempo —contestó Vanesa.

—Dicen que cuando te lastimas los ligamentos y huesos, mínimo tres meses de reposo.

Vanesa asintió.

—¿Y tú? ¿Cómo terminó lo tuyo?

David soltó una risita, como si lo que iba a decir le pareciera absurdo.

—Los directores de las dos escuelas citaron a Thiago y a sus papás para que le pidieran disculpas a Elías. Después tendrán que regresar para recibir un regaño público y un castigo. Pero, ¿qué crees? Al enterarse de que le iban a cancelar sus puntos del torneo, el niño armó un escándalo en la oficina. Se tiró al piso, pataleó, gritó, un show de esos que te dejan los oídos zumbando.

Por la forma en que lo decía, se notaba que todavía le molestaba.

Vanesa sonrió de lado y le pellizcó suavemente el lóbulo de la oreja a David. El gesto le sacó una sonrisa más amplia.

—¿Y después qué pasó?

—Pues llegó Mohamed Encinas, diciendo que podían dar dinero, pero que de ninguna manera le quitaran los puntos del torneo a su nieto.

Quedaba claro por qué Thiago era así; Mohamed lo había criado sin ponerle límites.

—Ese señor debería ponerse un puesto en la plaza para leer la suerte, porque para inventar historias es un maestro. Con tanta gente que vio cómo Thiago empujó al niño, todavía se atreve a decir que fue un accidente y que, en realidad, Elías está armando todo para perjudicar a su nieto. No acepta que le quiten los puntos del torneo.

El comentario hizo que Vanesa soltara una risa dura, y en su mirada brilló un destello de determinación.

—Pero tú tranquila, los puntos ya se los quitaron, van a tener que disculparse sí o sí, y la escuela va a seguir al pendiente. Si pasa algo, le van a llamar a Esteban, no hay de qué preocuparse.

—Entonces yo me voy contigo después de clases. Cuando ya sea hora, le digo al chofer que me pase a recoger, ¿va? —Félix hizo un puchero, porque sentía que, siendo tres, también quería que lo tomaran en cuenta.

—Le pregunto a Elías más tarde, porque es su casa y él decide si puede o no —dijo Camila, dudosa.

—Seguro no va a querer, pero igual me lanzo —replicó Félix, que ya se sabía los modos de Elías.

En ese momento, el carro llegó a la entrada de la familia Zambrano. Vanesa ya había avisado a la pareja Zambrano, así que al ver regresar a Félix, no se sorprendieron.

No tardaron mucho en despedirse. Se llevaron a Camila de regreso a casa y les contaron por encima lo que había pasado.

—Mientras todo esté bien, eso es lo que importa. Luego dile a tu hermano que revise de nuevo el tobillo de Elías, esas lesiones en niños son delicadas y si no se cuidan, pueden quedar secuelas —comentó Irma, con el ceño fruncido y cara de preocupación.

—Eso mismo pensaba. Cuando se recupere un poco, lo llevo a que lo revisen bien.

—¿Él vive solo en su casa, verdad? Si quieres, trae a Elías a quedarse aquí un tiempo. Igual y ya le tenemos un cuarto listo, no hay problema si se queda con nosotros —sugirió Irma, mostrando su lado más solidario.

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