Lo dijo con tanta frialdad que era imposible saber si ya tenía un plan brillante en mente o si simplemente no le importaba fracasar.
Nadie supo leer sus intenciones.
Doña Liduvina se opuso de inmediato:
—¡No! ¡Es muy vergonzoso! Si los Soler se enteran de esto, de seguro te usarán para burlarse de nosotros. No podemos quedar tan mal parados.
Miranda soltó una carcajada, la primera sonrisa sincera que mostraba en días.
—¿Acaso duda de mis capacidades?
—¡Por supuesto que no!
—Entonces ya está decidido.
Después de que Miranda aceptara, pudo escuchar los quejidos de Doña Liduvina en voz baja:
—¿Quién rayos estaba a cargo de esa área? ¿Cómo es que son tan inútiles?
El asistente se apresuró a explicar:
—Señora, nosotros tenemos participación en casi todos los mercados, solo que no somos muy fuertes en ese ámbito. Pero aparte de eso, nuestra participación en medicina, hotelería, turismo y restaurantes es bastante sobresaliente.
En esos sectores, superaban a los Soler con creces.
Doña Liduvina aún sentía el orgullo herido, así que exclamó:
—¡Miri! ¡Acaba con los Soler!
Miranda le siguió la corriente y respondió con una sonrisa:
—¡Lo haré!
Después del desayuno, Miranda se quedó conversando un poco más con Doña Liduvina. Una vez arreglados los asuntos, regresó a la casa de la familia Valdivia.
Los empleados de la mansión estaban trabajando organizadamente. Una brisa hizo volar unas hojas de papel que descansaban sobre una mesa y cayeron al suelo.
Una empleada, temiendo que se volaran más, las agarró todas con una mano mientras se agachaba a recoger el resto. Una de las hojas fue a parar justo a los pies de Miranda.
Miranda se agachó a recogerla al mismo tiempo que la joven empleada llegaba hasta ella.
Le echó un vistazo rápido y notó que era un boceto de diseño. Los trazos eran bastante infantiles y parecía estar forzando un estilo muy particular, pero el resultado era simplemente un desastre.
Lanzó la última frase casi gritando con todas sus fuerzas.
Quizás debido a la explosión de emociones de Renata, Gloria no pudo evitar darle la razón y se volvió hacia Miranda.
—Miri... Creo que... deberías disculparte con ella. Renata está poniendo todo su esfuerzo en esto y toda la familia Soler también lo valora.
Esta campaña publicitaria era crucial. Si se filtraba que sus diseños habían sido copiados antes del lanzamiento, todo el trabajo y el esfuerzo de la empresa se irían a la basura.
Desde ese punto de vista, el asunto era sumamente serio.
Miranda ignoró por completo a Gloria y fulminó a Renata con una mirada despectiva.
—¿Robarme tus ideas? ¿Acaso no te has dado cuenta de la porquería que acabas de dibujar?
Las niñas de familias ricas y malcriadas siempre tenían tanta confianza, aunque su talento fuera nulo.
—¡Lo único que tienes es envidia! —exclamó Renata, convencida de que Miranda la estaba menospreciando por despecho.
Miranda, que era ligeramente más alta que Renata, dio un par de pasos hacia ella, mirándola por encima del hombro. Con voz grave, soltó:
—Cómo me gustaría poder regalarte aunque sea un poco de inseguridad.

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