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La que llamaban basura es la jefa romance Capítulo 9

—No, no es eso.

—Entonces que se tome todo el tiempo del mundo para adaptarse. Estar malcriada debe tener un límite.

La sonrisa de Gloria casi se congeló en su rostro.

—Desde que volvimos, Renata ha estado encerrada en su cuarto. No habla y tampoco quiere comer. Miri, ¿qué te cuesta ceder un poco e ir a pedirle una disculpa?

—Si no quiere comer, que no coma.

...

Renata, que escuchaba la conversación desde arriba, frunció el ceño con furia.

Tras escuchar que Miranda subía las escaleras, Renata abrió su puerta, justo a tiempo para oír a Gloria decirle a su marido:

—Miri es igualita a ti cuando eras joven.

Insolente y engreída.

Hernán levantó las cejas con orgullo.

—Pues claro, es mi hija.

El corazón de Renata dio un vuelco. Sus padres comenzaban a aceptar a Miranda, y si las cosas seguían así, ella pronto perdería su lugar en la familia.

Gloria notó de inmediato que Renata había salido y se acercó a ella.

—Renata, mi amor, ¿estás bien? ¿No tienes hambre? Le pedí al chef que preparara sopa; no has comido en todo el día, deberías tomar algo.

—Sabía que mi mamá me cuidaría. No te preocupes, estoy bien.

—Esa herida en tu rostro te la hizo Miri, ¿verdad?

Renata, esperando que su madre regañara a Miranda, respondió con fingida comprensión:

—Acaba de volver del campo, es normal que tenga malas costumbres. Yo me encargaré de ayudarla a mejorar.

Gloria dejó escapar un suspiro y su mirada se volvió compasiva.

—Tenle un poco de paciencia. Miri ha sufrido mucho todos estos años; debemos ser comprensivos con ella.

A Renata casi se le cae la sonrisa al suelo de la rabia.

¡¿Acaso Gloria no iba a castigar a Miranda?! ¡¿Y encima le pedía que fuera comprensiva y la tratara mejor?!

¡Pamplinas! Si era buena con Miranda, ¡al segundo siguiente esa mujer se aprovecharía de ella! ¡No se lo merecía!

Sin embargo, Renata no dejó que sus emociones se reflejaran en su rostro:

—Tienes toda la razón, mamá.

—Hace un momento vino tu tío Mauricio. Como supe que te sentías mal, preferí no llamarte, pero me dijo que ha decidido dejar a tu cargo el diseño de la nueva colección de joyas de la empresa.

Renata se sintió inmensamente halagada, aunque al mismo tiempo dudó:

—¿Y si lo arruino todo?

—No te preocupes, todos somos familia. Toma este proyecto con calma; considera esto como el primer paso en tu carrera de diseño.

Renata asintió con entusiasmo.

—¡Les juro que no los decepcionaré! ¡Daré lo mejor de mí!

Las familias Valdivia y Soler pertenecían a la élite de la alta sociedad; casi todos sus miembros eran figuras prominentes en distintos sectores. Saber que estas influyentes personas estaban allanando su camino hacia el éxito la llenaba de orgullo.

Doña Liduvina respondió con total naturalidad:

—Escuché a tu padre decir que la familia Soler le dio un proyecto a Renata. Nosotros no podemos quedarnos atrás a la hora de consentir a nuestros herederos. Así que he decidido que la división de joyería de la familia Valdivia quedará a tu cargo.

Su declaración fue contundente y llena de generosidad.

En ese momento, un asistente de confianza que estaba a su lado dio un paso adelante y murmuró:

—Señora, de todos nuestros sectores, la joyería es justamente el más débil.

En la industria joyera, la familia Soler tenía prácticamente un monopolio. Mientras tanto, la familia Valdivia estaba al borde de la bancarrota en ese rubro.

Esto demostraba lo mucho que los Soler valoraban a Renata al entregarle una colección entera a su cuidado.

Un profundo silencio llenó el comedor. Al cabo de un segundo, Doña Liduvina preguntó desconcertada:

—¿En serio?

El hombre asintió con una sonrisa tensa:

—Sí, señora.

Además, los Soler siempre aplastaban a los Valdivia en ese sector. A pesar de estar unidos por el matrimonio de sus familias, no había el más mínimo indicio de lealtad entre ellos.

Doña Liduvina lo meditó un segundo y decidió que no podía dejar a su nieta en una posición tan humillante.

—Entonces escoge otra cosa.

Sin embargo, Miranda la interrumpió con decisión:

—No es necesario, me quedaré con eso.

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