El rostro de Raimundo se heló al instante, cubriéndose de una capa de escarcha. Un hombre tan distinguido como él jamás había recibido una bofetada. ¡Jamás!
La miró con una frialdad cortante.-
—Florinda, ¿te casas conmigo cuando se te antoja y te divorcias cuando quieres? ¿Por quién demonios me has tomado?
Florinda soltó una risa.
—Por un juguete.
¿Qué?
Raimundo no daba crédito.
Reprimiendo el dolor de su corazón, Florinda dijo algo que no sentía:
—No eres más que un juguete que le arrebaté a Elvira. Y ahora que me aburrí, lo quiero tirar.
El rostro de Raimundo estaba tan sombrío que parecía que iba a desatarse una tormenta.
—Bien, Florinda. Eres increíble. ¡Divorciémonos! ¡Y más te vale que no vengas llorando a suplicarme que volvamos!
Raimundo subió las escaleras y entró en el despacho, cerrando la puerta con un portazo ensordecedor.
Florinda sintió como si todas sus fuerzas la abandonaran. Su cuerpo menudo se deslizó lentamente por la pared.
Se acurrucó en la alfombra, abrazándose a sí misma. «Raimundo, no volveré a amarte».
***
A la mañana siguiente.
Marta abrió la puerta del despacho y entró.
Raimundo estaba sentado en la silla de su escritorio, revisando documentos. Era un adicto al trabajo de fama conocida.
—Señor —dijo Marta.
Raimundo ni siquiera levantó la vista. Se notaba que estaba de muy mal humor; la temperatura a su alrededor parecía bajo cero.
Marta, con sumo cuidado, colocó una taza de café a su lado.
—Señor, el café se lo preparó la señora.
La mano de Raimundo, que sostenía la pluma, se detuvo. Su expresión, antes gélida, se suavizó un poco.
«¿Está intentando hacer las paces?».
A decir verdad, Florinda era una buena esposa. Cocinaba según sus gustos, lavaba su ropa a mano y se encargaba de todas sus necesidades diarias.
Raimundo tomó el café y le dio un sorbo.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha del Patito Feo