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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 113

Mónica frunció el ceño.

—¿Llamar refuerzos? Señorita Páez, qué falta de clase.

—Ja, ustedes también pueden llamar a alguien si quieren —Paola se cruzó de brazos, soltando una risa burlona—. Señorita Mónica, sé que eres importante en tu industria, pero no creo que tengas este tipo de contactos en la ciudad. Sabes qué... si se arrodillan y le piden perdón a mi Elías, tal vez sea generosa y las deje ir.

—Señorita Páez, tienes mucha imaginación —Mónica, que había curtido su carácter en aquel terrible lugar, no se dejaba intimidar—. A ver, quiero ver qué clase de matones vas a traer.

Hablaba con dureza, aunque por dentro sentía un poco de miedo. Sin embargo, al mirar de reojo y ver a Mila tan serena, su corazón se calmó. Mila era una fuerza de la naturaleza en la cárcel, capaz de derribar a diez por sí sola. Aunque Paola trajera matones del bajo mundo, ¿podrían ser peores que la escoria que enfrentaron allí?

—Bien, ¡entonces esperen y no huyan! —Paola soltó la amenaza con rabia, pero al girarse hacia Elías, su rostro se transformó en una sonrisa dulce—. Elías, prepárate para el espectáculo. Vas a ver cómo estas idiotas suplican de rodillas.

—Mm —Elías asintió, clavando una mirada venenosa en Mila—. Mila, no digas que no te lo advertí. La señorita Páez llamó a Darío, la mano derecha de Don Carlos, el amo de la zona sur.

—¿Darío? —Mila parpadeó. Ese nombre le resultaba familiar.

—¿Tienes miedo? —Al ver su ligera sorpresa, Elías pensó que estaba aterrada y se burló—. Si te arrodillas y pides perdón ahora mismo, puedo decirle a Paola que te perdone la vida.

Mila se quedó pensando un segundo y entonces lo recordó. ¿Darío? ¿No era ese el infeliz al que casi deja sin descendencia a base de golpes en el Club Moonlight?

Miró a Paola con una expresión extraña. ¿La gran señorita de la familia Páez llamaba a esa clase de escoria para que la defendiera? Vaya nivel el suyo.

—¿Mila Quiroz? —Elías frunció el ceño. ¿Por qué se quedaba mirando al vacío? ¿Acaso se había quedado tonta del miedo?

Mila reaccionó, le dedicó un dedo medio a Elías y sus labios rojos se movieron lentamente:

—Sigue soñando.

—¡Tú! —Elías explotó y quiso abalanzarse sobre ella, pero Paola lo detuvo.

—Elías, no te enojes con gente así. Cuando llegue Darío, tendremos mil formas de hacerla sufrir.

Elías respiró profundo, tragándose la furia.

—Le diré a Darío que le rompa las piernas a esta inútil. Cuatro años encerrada y sigue siendo una insolente. Se nota que no sufrió lo suficiente allá adentro.

Mila ignoró los ladridos, sacó su teléfono y dio una dirección.

—Vengan a la concesionaria Lamborghini de la zona sur.

Colgó y le hizo una seña a Mónica para que se acercaran al espectacular auto que estaba al lado.

El Lamborghini El Veneno.

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