—¿Y qué si te golpeo? —Mila soltó una risa burlona y se frotó la muñeca—. Para que lo sepas, Esteban Quiroz y Luna Quiroz... también han recibido mis palizas.
—¡¿Qué?! —Las pupilas de Elías se encogieron, consumido por el horror. Fuera verdad o mentira lo que Mila decía, era evidente que esa mujer había perdido por completo la cabeza.
Ellos habían creído que la cárcel destruiría su lado rebelde, pero por lo visto, ese lugar la había moldeado hasta convertirla en una bestia salvaje e incontrolable.
—Elías, la próxima vez que me veas, date la vuelta y vete por otro lado —advirtió Mila con voz gélida—. De lo contrario, temo que no podré resistir las ganas de volver a abofetearte.
—¡¡Ah!! ¡¡Elías!! —Paola reaccionó de pronto, gritando histérica mientras intentaba abalanzarse sobre Mila.
Mila movió el brazo de regreso, en un movimiento fluido y letal.
—¡Plaf!
Paola recibió un golpe que la hizo dar una vuelta sobre sí misma. Se quedó de pie, paralizada y con la mente en blanco.
—¡¿Tú... te atreviste a pegarme?! —soltó Paola, llevándose la mano a la mejilla que ya comenzaba a hincharse, mirando a Mila sin poder creerlo—. Yo soy la señorita de la familia Páez...
—¡Cállate! —Mila frunció el ceño con absoluto fastidio—. ¡Te golpeo por ser una maldita arrastrada! Tienes el estatus de la familia Páez, pero prefieres portarte como una rogona. ¡Lárgate!
—¿No escucharon? ¡La señorita les dijo que se larguen! —Carlos dio un paso al frente, rugiendo con furia.
Elías tragó su rabia, agarró a Paola y ambos salieron huyendo de forma patética.
—¡Pfff, jajajaja! —Al verlos escapar, Mónica no aguantó más y estalló en carcajadas—. ¡Ya no puedo más, esto es demasiado bueno! La señorita Páez quería lucirse frente a su amor platónico y terminó humillada y abofeteada.
—Ser una rogona sí que da lástima.
Mila movió levemente los labios y el instinto asesino en su rostro desapareció.
—Esa tipa es solo de la rama secundaria de la familia Páez; aparte de colgarse del nombre de Don Nuno, no sirve para nada.
Podía haber destruido a Paola y a Elías mucho peor.
Pero no valía la pena.
Aún no era el momento adecuado para declararles la guerra frontalmente.
—¡Así se hace! Atreverse a ofender a la señorita es buscar la muerte —Carlos hizo una mueca de desprecio—. La señorita es la mujer de Don Nuno; una simple bofetada fue ser piadosa.
—Jajajaja... ¡¿Ah?! —Las risas de Mónica se detuvieron en seco. Giró la cabeza, rígida—. Carlos, ¿qué acabas de decir?
—¡Nada! —Mila reaccionó al instante, tomó a Mónica del brazo y le lanzó una mirada a Carlos—. Váyanse ya. Hicieron un buen trabajo hoy, se lo diré a Enrique.
Carlos se emocionó al extremo.
—¡Es un honor trabajar para la señorita! —Tras decir eso, se llevó a sus hombres a toda velocidad.

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