Mauricio entrecerró los ojos, ignorando por completo la justificación de Jaime. Su mirada, pesada y escrutadora, se clavó directamente en el anciano.
—¿Usted de verdad es el famoso Doctor Azul?
Al sentir la mirada cortante como el hielo de Mauricio, el anciano sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero se obligó a mantener la calma.
—Señor Centeno, ¿acaso está dudando de mí?
—¡Don Mauricio! —Ariel se adelantó rápidamente, levantando la mano en señal de juramento—. ¡Le pongo mi vida como garantía de que él es el verdadero Doctor Azul! Tuve que mover muchísimos contactos y pagar un precio altísimo para convencerlo. ¡Es imposible que sea un fraude!
Había invertido más de cinco millones en sobornos y favores. Con esa cantidad de dinero, ¿cómo iban a entregarle a un charlatán?
—Qué raro, porque tengo entendido que el Doctor Azul solo atiende a quienes le caen bien, guiado únicamente por el 'destino' —respondió Mauricio, con un tono gélido—. Si él no quiere curar a alguien, ni el hombre más poderoso del mundo podría obligarlo.
El sarcasmo en su voz era evidente: Si ni siquiera la familia Centeno había podido contactarlo, ¿de dónde sacaba el joven Ariel Quiroz tanta influencia para lograrlo?
Luna, notando la tensión, se apresuró a respaldar a su hermano.
—Don Mauricio, usted mismo lo ha dicho: todo es cuestión de destino. Quizás mi hermano y el doctor simplemente conectaron, y por eso hizo una excepción con nosotros. —Al terminar de hablar, le lanzó una mirada sutil al anciano.
—¡Así es! —El curandero captó la indirecta y se acarició la barba, adoptando un aire de superioridad—. El joven Ariel tiene un aura noble, propia de alguien destinado a la grandeza. Me agradó bastante, y por eso accedí a ayudar.
—Brillante. Qué actuación tan espectacular.
Finalmente, Azul decidió dejar de ser un mero espectador. Dio un paso al frente a un ritmo relajado, con una sonrisa cargada de puro sarcasmo.
—Señor, tengo que admitirlo, usted es un gran actor. Solo por esa cara dura y por mantener el papel hasta el final, le doy esto. —Y levantó el pulgar en señal de burla.
—¡¿Quién te crees que eres?! ¡¿Cómo te atreves a soltar semejantes insolencias?! —El viejo estalló en fingida indignación, gritando a todo pulmón—. ¡Yo soy el Doctor Azul! ¡No voy a tolerar que un mocoso como tú me falte al respeto!
—¡Mila Quiroz, controla a tus perros! —Ariel también explotó de rabia—. El Doctor Azul es un invitado de honor de la élite. Si lo ofendes, ¡vas a arrastrar a toda la familia Quiroz a la ruina!
—Ariel, dime algo... ¿Sabes por qué le dicen 'Doctor Azul'? —Mila se cruzó de brazos, lanzándole una mirada burlona.
Ariel se quedó desconcertado por un segundo y respondió por inercia.
—Obviamente, porque siempre viste ropas azules, por eso el mundo lo llama así.
Mila negó con la cabeza y miró al anciano, que casualmente llevaba un traje tradicional de color azul. Era evidente que ese farsante había pensado exactamente lo mismo. Qué patético.

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