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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 155

—Mila Quiroz, no cruces la línea.

—Jaja. —Mila soltó el agarre, tomó una bata de seda que estaba cerca y se la puso sobre los hombros. Su tono estaba lleno de una burla cargada de ironía—. Vaya, Nuno... ¿Acaso sigues siendo un novato? Ay, qué aburrido.

—¡¿Qué dijiste?!

Su ego masculino fue pisoteado en un segundo. Nuno, furioso y humillado, se giró bruscamente y, por instinto, extendió la mano para agarrarla por los hombros.

Mila, con reflejos rápidos, esquivó el movimiento, pero los dedos de Nuno se engancharon en el cuello de la bata que apenas se había puesto.

Se escuchó un desgarro suave y la bata cayó al suelo.

Las pupilas de Nuno se dilataron.

Su mirada quedó clavada en la espalda de Mila. Toda esa tensión sensual desapareció en el aire, reemplazada por una punzada violenta en el corazón.

Esa espalda, que debería ser suave y perfecta, estaba cubierta por un laberinto de cicatrices brutales. Parecía una red macabra, el testamento de un pasado de tortura.

Mila notó el silencio absoluto a sus espaldas. Al darse la vuelta, se topó con la mirada llena de horror y asombro de Nuno.

—Es asqueroso, ¿verdad?

Mantuvo una expresión gélida, le arrebató la bata de las manos y se la puso lentamente, cubriendo las heridas.

—Sobrevivir en ese lugar sin que me destrozaran la cara fue casi un milagro.

Se anudó el cinturón, con una frialdad que parecía hablar de la vida de alguien más.

—Puedes pensar que soy un monstruo, pero para mí, es un recordatorio que no puedo borrar. Son las marcas que me obligan a no detenerme nunca.

—Perdóname...

La palabra salió de la boca de Nuno casi como un reflejo involuntario.

—Vaya, don Nuno, escuchar esa palabra salir de su boca sí que es un milagro —dijo Mila, restándole importancia, y salió de la habitación pasando por su lado.

Nuno se quedó clavado en el suelo, apretando los puños hasta que le tronaron los nudillos. Las cicatrices de la espalda de Mila se repetían en su mente como una pesadilla. ¿Qué clase de infierno había vivido en la penitenciaría «01»? Seguro fue cien veces peor de lo que indicaban los informes que había leído.

Si no hubiera pasado por eso, hoy no sería esta mujer inquebrantable que renació de las cenizas.

Nuno tomó aire, intentó ordenar sus pensamientos y salió de la habitación.

En el comedor, Mila estaba de pie, mirando fijamente la pequeña caja rosa del pastel.

—Es pastel de fresa. Lo compró Sebastián —mintió Nuno, tragando grueso, incapaz de mirarla a los ojos—. Dijo... que te gustaría.

Mila jaló la silla y se sentó, abriendo la caja con cuidado.

—Pastel de fresa... Hace años que no pruebo uno.

Deslizó el dedo, tomó un poco del betún y se lo llevó a la boca. Sus ojos brillaron.

—Está delicioso.

Volteó hacia Nuno y le regaló la sonrisa más honesta y cálida que le había visto jamás, sin una pizca de esa barrera que siempre levantaba.

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