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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 154

Al mismo tiempo, un Maybach negro devoraba el asfalto en la oscuridad de la noche.

Nuno descansaba en el asiento trasero con los ojos cerrados, deslizando entre sus dedos las oscuras cuentas de ónix.

Tic, tic, tic.

El rítmico choque de las piezas resonaba en el silencio de la cabina, marcando una cadencia que erizaba la piel.

—Sebastián, ¿crees que quitarle ese diez por ciento dejará cojo a mi querido tío Héctor? —preguntó Nuno, rompiendo la calma de pronto.

Sebastián se tensó un segundo antes de responder con el ceño fruncido.

—La estructura de la corporación Páez es compleja. Un diez por ciento es un golpe brutal. Habiéndolo recuperado, señor, efectivamente es como cortarle un brazo.

—No.

Nuno negó con la cabeza, su expresión se volvió sombría.

—Aceptó demasiado rápido. Si entregó esas acciones con tanta facilidad, solo hay una explicación: ese porcentaje ya no le duele. Para él... fue solo un rasguño.

Hizo una pausa, y su mirada se volvió insondable.

—Lo más probable es que la junta directiva de la empresa ya esté podrida hasta la médula bajo su control.

El rostro de Sebastián palideció.

—Don Nuno, si ese es el caso, ¿no estamos en peligro?

Nuno bajó la vista hacia el objeto en sus manos, frotando suavemente una de las cuentas con el pulgar. Su voz era tranquila.

—Fui hoy por dos motivos: darle su merecido a Paola por meterse con Mila, y golpear el nido de avispas para ver cómo reaccionaba.

—Después de este susto, ese viejo zorro actuará con más cuidado, y eso nos dará el tiempo que necesitamos para armar las pruebas en su contra.

Sebastián asintió, comprendiendo la estrategia.

—Es usted brillante, señor.

Nuno no respondió, limitándose a observar las calles borrosas a través de la ventana.

Su tío Héctor había sido como una termita devorando los cimientos de la familia Páez desde las sombras durante años.

De no ser por las pistas cruciales que le entregó Mila Quiroz, jamás habría sospechado de su «querido tío», ni habría encontrado los oscuros secretos que lo incriminaban.

Aunque esa mujer solo había hecho un trato para salvarse, lo cierto era... que le debía una.

—Detén el auto.

El vehículo frenó suavemente y se detuvo junto a la acera.

Nuno abrió la puerta y caminó directo hacia una pastelería de lujo. Tras inspeccionar los elaborados postres de la vitrina, su mirada se detuvo en un fino pastel de fresa.

—Me llevo este, por favor.

Desde el interior del auto, Sebastián sintió que la mandíbula se le desencajaba.

¿Don Nuno, el hombre que detestaba lo dulce y odiaba los postres, comprando un pastel? ¿Y además un pastel de fresa rosado y delicado?

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