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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 189

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—¡¡Luna!! —gritó Blanca, abalanzándose para sostenerla en sus brazos. Levantó la cabeza y fulminó a Mila con una mirada llena de odio—. ¡No puedo creer que haya dado a luz a un ser tan malvado como tú!

Frente a los insultos de su madre biológica, Mila soltó una carcajada, con el rostro impasible.

—¡Qué le vamos a hacer! ¡Salí a ti!

Blanca se puso pálida como el papel; si no fuera porque Esteban la sostenía, probablemente también se habría desmayado.

—Ahora es el turno de Ariel —Mila se dio la vuelta, y su mirada cayó sobre la figura de Ariel, quien temblaba en un rincón.

Ariel ya estaba aterrorizado por la brutalidad con la que había manejado la situación; tras ver el destino de Luna, ni siquiera se atrevía a rechistar.

Pero Mila no tenía intenciones de dejar escapar al hermano que siempre le echaba tierra.

—Ariel, tú y Luna son de la misma calaña. No solo ocultaste la verdad, sino que cubriste sus mentiras. Ese es un agravante —La voz de Mila sonó como el veredicto del mismísimo diablo, haciendo temblar a Ariel.

—¡Mila, sé que me equivoqué! —Ariel se arrodilló de golpe, con una sonrisa aduladora y forzada—. ¡Me disculpo, me arrodillo y suplico! ¡Por favor, déjame en paz!

No quería perder los recursos de la familia, y mucho menos ser vendido en matrimonio como una mercancía.

—Ariel, viendo que tu actitud de arrepentimiento es sincera, te daré una oportunidad —Una simple frase de Mila le devolvió la esperanza al instante.

—¡Mila, gracias! ¡Juro que te lo agradeceré siempre y no volveré a oponerme a ti! —exclamó Ariel, lleno de alegría.

Sin embargo, las siguientes palabras de Mila lo arrojaron directo al abismo.

—Puesto que tú y Verónica Valente ya consumaron el acto... como hombre, es tu deber hacerte responsable —Mila giró la cabeza hacia Dante Valente, quien había permanecido en silencio intentando pasar desapercibido.

Dante pensaba esperar a que los Quiroz resolvieran su drama familiar para extorsionarlos, pero Mila le apuntó directamente.

—Tío Dante, confío en que usted es un padre razonable y no es ciego y terco como Esteban y Blanca, ¿verdad?

La comisura de los labios de Dante tembló. ¡Lo estaba arrinconando!

Si rechazaba la propuesta, aceptaría ser ciego y terco; si aceptaba, su plan de extorsión se iría al diablo.

—Prima, ¿te gustaría casarte con Ariel? —Sin darle a Dante tiempo para reaccionar, Mila le preguntó directamente a Verónica.

Los ojos de Verónica brillaron intensamente, y se apresuró a responder:

—¡Sí, acepto! La verdad, me gusta Ariel desde que éramos niños. Aunque esto fue un accidente, no lo culpo.

—Con tal de que se haga responsable, estaré satisfecha.

Las pupilas de Dante se contrajeron, e iba a regañarla, pero Mila se adelantó.

—Tío Dante, parece que este accidente fue en realidad una bendición del cielo. Verónica ha admirado a Ariel por años, y hoy finalmente se cumple su deseo.

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