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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 188

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Ver a su amada hija en un estado tan lamentable partió el corazón de Esteban y Blanca.

Aunque no tuvieran lazos de sangre, la habían criado con todo su amor durante más de diez años; ese afecto era real.

—Mila, Luna ya admitió su error. ¿Es necesario que seas tan despiadada? —Blanca apretó los dientes, mirando a Mila con los ojos llenos de súplica y resentimiento.

—Mila, ya es suficiente. ¿De verdad vas a poner la casa patas arriba hasta quedar satisfecha? —Esteban también endureció el rostro, con voz amenazante.

Mila esbozó una sonrisa fría y cargada de ironía.

—Esteban, Blanca, su favoritismo es absurdo. Cuando Luna comete un error, piden que ya sea suficiente para ignorarlo. ¿Pero qué hay de mí?

Dio un paso al frente, con la mirada cortante como un cuchillo.

—No olviden que yo soy su hija biológica. Y si llevo la etiqueta de exconvicta, es únicamente por culpa de ustedes.

—Cuando me enviaron a prisión, en sus ojos no había compasión ni culpa; solo alivio. Alivio de que quien sufría no fuera su pequeña princesita Luna.

—Es ridículo, ¡completamente absurdo! —Mila negó con la cabeza, sus ojos destilando hielo—. Y ahora, por una hija adoptiva que cometió un error garrafal, ustedes se rebajan a suplicarme. ¡Qué conmovedora imagen de amor paternal!

Sus palabras se clavaron como puñales. El rostro de Esteban y Blanca se tensó de golpe, sintiendo un nudo en la garganta que les impedía articular palabra.

Más que vergüenza, lo que sentían era pánico a que Mila revelara la verdad del pasado frente a Don Nicolás. Sabiendo la influencia que ella tenía sobre él ahora, si descubría la verdad, las consecuencias serían catastróficas.

Por suerte, Mila parecía no querer profundizar en el tema. Pero no era por clemencia; era la paciencia del cazador esperando el momento perfecto para asestar el golpe de gracia y destruirlos por completo.

—Qué espectáculo tan magnífico.

Unos aplausos perezosos rompieron la tensión. Nuno aplaudía con una media sonrisa, su tono rebosante de burla.

—El viejo de mi familia siempre dice que la familia Quiroz fue grande en las manos de Don Nicolás, pero que, desde que pasó a manos del señor Quiroz, ha ido en decadencia día tras día.

—Que una familia de la más alta alcurnia esté a punto de perder su estatus, es realmente lamentable.

La mirada de Nuno se afiló, atravesando el pecho de la pareja como una cuchilla.

—Antes no entendía el motivo, pero hoy veo claro dónde está el problema.

—Con unos padres tan ciegos y necios como ustedes, que ignoran a su brillante hija biológica y prefieren idolatrar a una farsante manipuladora, ¿cómo esperan que la familia prospere?

—¡¡Nuno Páez!! —Las pupilas de Esteban se dilataron, ardiendo de furia.

—Señor Quiroz, ¿ya se alteró? —Nuno frunció los labios, con los ojos llenos de desprecio—. Ahora mismo me pregunto, ¿cómo es que llegó a ser el líder de la familia Quiroz?

Esas palabras resonaron con fuerza en los oídos de Don Nicolás.

—¡Ya basta!

Don Nicolás golpeó el suelo con su bastón. El sonido ahogado calló a todos al instante. Repasó a la sala con una mirada fría antes de volverse hacia Mila.

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