En el segundo piso, el pasillo era profundo y silencioso.
Mila Quiroz y Nuno Páez caminaban uno detrás del otro. El silencio se prolongó hasta que la puerta de la habitación se cerró. Fue entonces cuando Mila no pudo contenerse y se dio la vuelta.
—Don Nuno, ¿hablas en serio? —le clavó la mirada a Nuno—. ¿De verdad vas a pasar la noche en la casa de la familia Quiroz?
Nuno se encogió de hombros, fingiendo inocencia:
—¿Qué pasa? ¿Acaso parezco estar bromeando?
Mila se frotó la sien, frustrada:
—Don Nuno, cuando te pedí que me acompañaras a Residencias Cielos de Estrellas, fue para fingir frente al abuelo Pedro y mantener la farsa de nuestro matrimonio. Pero estamos en la casa de la familia Quiroz, no necesitas actuar tan en serio.
—Yo creo que es muy necesario. —Nuno caminó directamente hacia la enorme cama, paseando su mirada con descaro por toda la habitación.
El cuarto era excesivamente minimalista. La decoración en tonos fríos, sin ningún adorno innecesario, no revelaba ni un ápice de la delicadeza propia de una mujer.
Pero ese estilo coincidía a la perfección con la impresión que tenía de Mila: fría, directa y decidida.
—Hoy hiciste que Esteban Quiroz y su familia perdieran la cara y sufrieran grandes pérdidas. Seguramente te odian a muerte —dijo Nuno, sentándose al borde de la cama con una postura perezosa—. Además, en el estudio, Don Nicolás te estaba poniendo a prueba.
—Si no fingimos estar profundamente enamorados para disipar cualquier duda sobre nuestro matrimonio, tus días aquí serán un verdadero infierno.
—Ese es mi problema —dijo Mila, frunciendo el ceño mientras su voz se volvía fría—. Solo tenemos un acuerdo de cooperación. Estás cruzando la línea. Después de todo, ayudarme no te beneficia en nada.
—Porque me da la gana. —Nuno soltó esas palabras con total seguridad, incluso con un toque de descaro.
Mila abrió los ojos de par en par, quedándose sin palabras por un momento. ¿Ese era el tipo de cosas que diría el temido Verdugo?
Al ver el rostro conmocionado de Mila, Nuno se sintió extrañamente irritado. Esta mujer estaba mucho más contenida que en sus encuentros anteriores.
Antes, en el Club Moonlight, en el jardín trasero de la familia Quiroz, y en su auto, ella no había tenido reparos en provocarlo, e incluso en besarlo a la fuerza.
Pero ahora que él tomaba la iniciativa para molestarla, el resultado era que... ella se mostraba rígida y distante.
—Don Nuno, ¿estás bien? —preguntó Mila, frunciendo el ceño al notar que la expresión de Nuno cambiaba, mostrándose a ratos irritado y a ratos frustrado.
Nuno dejó escapar un largo suspiro y miró a Mila:
—Eres fascinante. De ser una pueblerina que pasó cuatro años en prisión, a resurgir de las cenizas en la familia Quiroz como un fénix, haciendo que todos tropiecen uno tras otro.
Se inclinó hacia adelante, con una mirada ardiente:
—Estás llena de secretos y me resultas muy divertida. Así que quiero ser testigo de cómo llevas a la ruina a la podrida familia Quiroz, paso a paso.
Habló con ligereza, pero en el fondo de sus ojos se notaba una sinceridad que asustaba. Por un momento, Mila no supo si estaba bromeando o si realmente había desarrollado algún tipo de interés morboso por ella.
Antes de que pudiera responder, un tono de llamada repentino rompió la atmósfera cargada de tensión.
Nuno frunció el ceño ligeramente, y un destello de molestia cruzó su mirada. Al ver que el identificador de llamadas decía «Sebastián», reprimió su ira a duras penas y contestó.
—Habla.

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